Israel llega al tercer aniversario del 7-O con la herida abierta y la memoria intacta. En Nir Oz y en el festival Nova siguen en pie los testimonios de quienes sobrevivieron a la masacre terrorista, y ese recuerdo pesa en una campaña a tres semanas de las elecciones. El país no olvida el sábado en que los terroristas de Hamás cruzaron la valla para matar, secuestrar y quemar, ni a quienes plantaron cara para que la matanza no fuera todavía mayor.
La cuenta oficial de Israel en español resume la jornada con un mensaje de recuerdo y de resistencia.

Un refugio que no detuvo a los terroristas
Ariel Cunio tenía 26 años cuando los terroristas de Hamás lo secuestraron en Nir Oz, a un kilómetro de Gaza, tras arrasar el kibutz en el que vivía con su novia Arbel. No volvió a ver el sol hasta pasados 738 días. En ese tiempo no supo qué suerte habían corrido ella, su hermano y el resto de familiares. Ante las ruinas del refugio en el que intentó proteger a los suyos dice: «Es sólo un recuerdo». Aquella casa forma ya parte de un pasado que no volverá.
Uno de cada cuatro habitantes de Nir Oz está muerto. Unos cayeron a tiros. Otros, familias enteras, fueron quemados vivos dentro de su casa. Su cuñado Dolev formaba parte del grupo de seguridad que se encaró con la primera oleada, unos cien terroristas, y ganó tiempo para evitar una masacre todavía mayor. Ocho meses después, los forenses hallaron una parte de su hígado en el mismo sitio donde plantó cara. Ocho miembros de la familia de Ariel fueron secuestrados. Su padre, Luis, lo resume así: «Es un milagro que ninguno esté muerto». No pueden decir lo mismo los Bibas, vecinos: la madre y dos niños fueron asesinados tras meses de incertidumbre. Toda la familia Siman Tov fue asesinada aquel sábado. De su hogar solo queda el carrillón de viento de la entrada.
La cacería no se quedó en los kibutz. En el festival Nova, en Re’im, miles de jóvenes bailaban cuando, a las 6.30, las sirenas y los cohetes cortaron la música. Cientos de terroristas, en camionetas, motos y parapentes, convirtieron la fiesta en un laberinto. Mazal Tazazo y sus amigos corrieron por la Ruta 232 y, al no hallar escondite, se arrojaron entre los cadáveres para hacerse pasar por muertos. Un terrorista la golpeó con la culata y la pateó; quedó inconsciente y la dieron por muerta. Al despertar, sus amigos habían sido ejecutados. En Nova murieron más de 360 personas. Ariel recuerda que los asaltantes no iban solos: iban con quienes documentaban la matanza y con niños de unos diez años «aprendiendo lo que hacían» los mayores.
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En Gaza, cuenta, los secuestrados eran golpeados por civiles que celebraban la masacre y luego repartidos entre facciones, entre ellas la Yihad Islámica, y viviendas. Él pasó el cautiverio en una casa. Su hermano, en los túneles.
El forense Chen Kugel, director del centro de Abu Kabir, detalla en imágenes el modo en que fueron tratados muchos de esos cuerpos.


El tercer aniversario del 7-O marca el voto
La masacre dejó 1.200 muertos y 251 secuestrados, y llevó por el camino de la amargura a la mayor parte de la población hasta que regresaron los que quedaron con vida y también los cadáveres. La guerra que siguió a aquel ataque sigue coleando en Gaza, con más de 70.000 muertos según las cifras de las autoridades de la Franja, que también maneja la oficialidad israelí. El punto de partida, conviene no perderlo, fue la matanza del 7 de octubre, el mayor ataque terrorista de la historia de Israel.
El Instituto de Democracia de Israel cifra en un 68% los israelíes judíos que consideran el 7 de octubre un factor central al votar, frente a un tercio de los árabes. En la muestra judía, derecha, centro e izquierda coinciden en esa centralidad, aunque la izquierda y el centro le dan más peso que la derecha. El 75% apoya una comisión estatal de investigación sobre los fallos del Gobierno, según el INSS, incluido el 52% de los votantes de la coalición. Esa exigencia une a la oposición: Yashar, de Gadi Eisenkot, que perdió a su hijo Gal y a dos sobrinos; Juntos, de Bennett y Yair Lapid; Israel Nuestro Hogar, de Avigdor Lieberman, y Los Demócratas, de Yair Golán. Eisenkot abrió campaña el 30 de junio con la comisión como eje. Hace una semana, esos cuatro anunciaron equipos para coordinarse, con la comisión y el servicio militar universal como prioridades.
Yashar sigue primero, pero cae a 21 escaños, cuatro menos que hace un mes. El bloque del Gobierno suma dos y llega a 51; la oposición baja a 53. La aritmética favorece ligeramente a Netanyahu porque los líderes opositores han dicho que no pactarán con los partidos árabes, fuera así de su cálculo entre 12 y 14 escaños. Kan deja el cara a cara en un empate técnico: 39% prefiere a Netanyahu y 38% a Eisenkot. Discuten la responsabilidad del fallo. No discuten que Hamás fue el autor de la matanza.
Hay imágenes que no pueden quedar en el olvido, como el vídeo en el que dos niñas corrían por sobrevivir mientras un Gazatí las perseguía como si fueran presas. El Gazatí disparó a la primera niña en la espalda mientras la segunda niña quedaría paralizada suplicando que no la matasen. El terrorista la ejecutó sin piedad.
Israel sigue en pie frente a quienes relativizan la matanza
Las críticas a los fallos de seguridad y a la gestión de Netanyahu han marcado toda la campaña. El Likud y sus socios —Shas, Judaísmo Unido de la Torá, Poder Judío, Sionismo Religioso, Noam y Nueva Esperanza— rechazan la acusación de negligencia y sostienen que la responsabilidad recae en el Ejército y en los servicios, que malinterpretaron las señales y no despertaron al primer ministro. Si lo hubieran hecho, dice, habría dado las órdenes para evitar la tragedia.
Haaretz publicó que el presidente de Emiratos, Mohamed bin Zayed, advirtió a Netanyahu de una gran operación de Hamás días antes y que el primer ministro no habría informado a los jefes de seguridad. The New York Times confirmó después esa versión. También se informó de un aviso del jefe de la inteligencia egipcia, Abás Kamel. El Likud responde que Netanyahu demanda a varios medios —Haaretz, Yedioth Ahronot y Canal 12— y a varios periodistas. El partido califica esas informaciones de «una mentira absoluta» y añade: «No es casualidad que estas mentiras se publiquen ahora, en vísperas de unas elecciones, por parte de rivales políticos y elementos extranjeros hostiles».
Ese debate interno no borra lo esencial. Miles de refugios, del aeropuerto a la cafetería, no impidieron que decenas murieran emboscados dentro de ellos. La cuenta oficial cierra el recuerdo con una frase que ninguna campaña logra apagar: «Reconstruimos. Vivimos. Elegimos la esperanza». Tres años después, Israel honra a sus muertos, sostiene a los que volvieron y sigue en pie.
La masacre del 7 de octubre dejó imágenes aterradoras como la de esta guardería en la kibutz Be'eri














