Los vecinos de Ceuta han vuelto a concentrarse para reclamar que se desaloje el edificio cedido a Accem por el ministerio que dirige Elma Saiz. La cesión, destapada por OKDiario, sitúa a los voluntarios de la ONG en la Casa del Mar mientras parte de los refuerzos policiales pernocta en barracones. La calle resume el malestar con un grito claro: «¡Fuera, sinvergüenzas!».
El edificio cedido a Accem y el contraste con la Policía
El departamento de Inclusión ha puesto a disposición de Accem dependencias de la Casa del Mar, un inmueble del Instituto Social de la Marina pensado para trabajadores del mar. El complejo suma 27 habitaciones con baño, restauración, lavandería y limpieza diaria. El ministerio sostiene ante OKDiario que el uso cabe en «circunstancias excepcionales». Esa explicación no calma a una ciudad que ve a la ONG instalada con comodidades mientras agentes enviados como refuerzo denuncian alojamiento precario. El mismo Ejecutivo ha elevado a 44,5 millones el gasto de emergencia para la crisis, sin que eso se traduzca en control de la frontera ni en expulsiones. El patrón —colchón para el irregular, hotel para la ONG y barracón para quien debe imponer la ley— ya se había documentado en esta información de Nuestra España.
La protesta ante la sede de Accem
La movilización se ha plantado ante el inmueble ocupado por la organización. Accem ha enviado psicólogos, trabajadores sociales e integradores a la explanada de Loma Margarita y afirma haber atendido a unos 1.300 hombres de Sudán, Somalia, Malí y República Centroafricana, con «una historia que merece ser escuchada» . En esa zona se concentran, según el mismo medio, unos 4.000 inmigrantes. Los ceutíes no discuten el relato humanitario: discuten que el Estado reserve un edificio público a quienes sostienen la permanencia irregular mientras la ciudad lleva un mes sin recuperar la calle. El grito «¡Fuera, sinvergüenzas!» no apunta a un debate abstracto; apunta a una cesión concreta.
Rechazo al embolsamiento en el muelle de Poniente
La protesta no se limita al desalojo del edificio cedido a Accem. Los vecinos también rechazan habilitar un «espacio de embolsamiento de inmigrantes en el muelle de Poniente». Convertir el puerto en almacén de llegadas irregulares alarga lo que Moncloa presenta como acogida y lo que en Ceuta se vive como ocupación. El Gobierno multiplica plazas y partidas —cientos de millones para sostener la llegada y nada equivalente para devolver— y deja la comparecencia política para cuando ya no puede eludirla, como se ha visto en el seguimiento de la crisis en el Congreso. La prioridad no es devolver el orden: es administrar la avalancha.
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