El Ministerio de Sanidad que dirige Mónica García impulsa, a través de la Aemps, extender a todo el país la prescripción de antibióticos en diferido. La receta se emitiría, pero el paciente debería aguardar entre 48 y 72 horas antes de empezar el tratamiento, para ver si los síntomas ceden solos. El argumento oficial es frenar usos innecesarios y las resistencias. El plazo, en una infección, no es un trámite menor.
Qué cambia en la prescripción de antibióticos
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios trabaja con las comunidades para generalizar esa estrategia dentro del Plan Nacional frente a las Resistencias a los Antibióticos (PRAN). La estrategia consistiría en «retrasar 2 o 3 días el tratamiento para comprobar si los síntomas de una infección mejoran espontáneamente».
No sería el enfermo quien decide: el médico indicaría la espera solo cuando dude si el origen es vírico o bacteriano, sobre todo en cuadros respiratorios leves. La Comunidad Valenciana ya activaba la dispensación a las 24 o 48 horas. Hace unas dos semanas la Aemps abrió un grupo de trabajo para llevar el modelo al resto del mapa.
De la caja de 30 a la de 20
A mediados de 2027 se sumaría otro ajuste: las presentaciones de 30 comprimidos dejarían de comercializarse y serían sustituidas por envases de 20, con la idea de acercar lo dispensado a la pauta real. La Aemps llevaría unos quince meses en ese cambio y los formatos antiguos convivirían con los nuevos hasta desaparecer entre el primer trimestre y mediados de 2027. Menos pastillas en el botiquín no equivale, por sí solo, a un diagnóstico más fino.
Esperar cuando el cuadro no remite
El PRAN sostiene que entre el 30 % y el 50 % de las recetas de antibióticos en los países desarrollados son inadecuadas, y que cerca del 90 % del consumo se produce fuera del hospital. Antonio López Navas, coordinador del plan, llama a la espera «la más coste efectiva» en Atención Primaria y cifra en 5.000 las muertes anuales por resistencias en España. Ese dato no borra la otra lectura: dos o tres días pueden separar un proceso que cede de uno que acaba en ingreso. Si la izquierda sanitaria convierte la prudencia en protocolo uniforme, el riesgo no lo asume el despacho, sino quien espera en casa a que la fiebre decida por el médico.
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Posibles efectos de retrasar un tratamiento contra infección bacteriana:
Ojo, que retrasar el tratamiento con antibióticos ante una infección bacteriana que esté confirmada, durante 48 a 72 horas, puede tener consecuencias. A diferencia de las infecciones virales (como la gripe), las bacterias se multiplican de forma exponencial si no se frenan empeorando notablemente el cuadro del paciente, pudiendo ser grave.
Primero los perros, ahora el paciente
La secuencia no es una ocurrencia de consulta. El mismo enfoque del Plan Nacional frente a las Resistencias a los Antibióticos apretó antes el tornillo en la clínica veterinaria y ahora lo traslada a la prescripción de antibióticos humana. El Real Decreto 666/2023, con efectos prácticos desde el 2 de enero de 2025, exige al veterinario un examen clínico y, para recetar un antimicrobiano, una prueba de laboratorio reciente —cultivo o antibiograma—, además de notificar cada pauta en el sistema PRESVET. Empezaron por el perro: más papeles, más espera y menos margen para el criterio del profesional.
El Ministerio que dirige Mónica García, a través de la Aemps, replica ahora el esquema en las personas: receta sí, tratamiento solo si a las 48 o 72 horas el cuadro no cede. López Navas lo vende como «la más coste efectiva» de Atención Primaria.
Una política sanitaria que trata al ciudadano como el eslabón siguiente del protocolo animal no combate las resistencias: aplaza la decisión y deja el riesgo en casa.















