La AfD en Sajonia-Anhalt ha ganado las regionales del 6 de septiembre con el 43,8% de los votos y 39 de 83 escaños, a tres de la mayoría absoluta. Alice Weidel lo llamó un «claro mandato para gobernar». El recuento ya no admite duda; lo que queda por ver es si la CDU de Friedrich Merz y la izquierda aceptan las urnas o sustituyen el voto por un cordón sanitario.
Así celebra la AfD su victoria en Sajonia-Anhalt.
Un vuelco que deja a la CDU sin un solo distrito
El resultado preliminar oficial sitúa a Alternativa para Alemania en el 43,8%, más del doble que el 20,8% de 2021. La CDU cae del 37,1% al 17,2% y se queda con 15 escaños. SPD (9,3%), Verdes (8,9%) y La Izquierda (8,6%) obtienen ocho diputados cada uno; BSW entra con el 5,3% y cinco asientos. La participación se dispara al 77,8%. AfD se impone en 38 de las 41 circunscripciones; la CDU, en ninguna.
Así era el triste ambiente en la sede de la CDU mientras se llevaba a cabo el recuento que ha finalizado con la victoria de AfD
Ulrich Siegmund, candidato y empresario, afirmó: «Juntos hemos demostrado que queremos hacer historia».
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El mandato para gobernar de AfD en Sajonia-Anhalt
Weidel declaró en la televisión pública: «Es un resultado histórico. Este es un claro mandato para gobernar». gaceta.es Siegmund ha centrado la campaña en cortar la inmigración ilegal y ha rechazado diluir su programa a cambio de un sillón.
CDU, SPD y Verdes reiteran que no pactarán. Si la primera fuerza, con casi 44% y 39 escaños, queda excluida de formar Gobierno, el debate deja de ser de etiquetas y pasa a ser de calidad democrática: o mandan las urnas, o el cordón las anula. El mismo dilema europeo que ya se ve en las calles y fronteras.
Fascistas o urnas: si no les dejan gobernar, no hay democracia
En cuanto se conoció el resultado, el aparato mediático y la CDU cristianodemócrata volvieron al manual: «extrema derecha», «fascistas», «no se pacta con extremistas». Franziska Hoppermann lo dejó escrito: su partido «no pactará con extremistas». Esa etiqueta no describe el escrutinio. Describe el veto.
Si la lista más votada no puede ni intentar formar Gobierno, el problema ya no es AfD: es que el cordón ha sustituido a las urnas. Quien bloquea a quien ha ganado el 43,8% no defiende la Constitución; anula el criterio del electorado. La CDU, que se presenta como heredera del centro cristiano, quedaría entonces como el partido que predica democracia solo cuando gana ella. El resto —SPD, Verdes e Izquierda— acompañaría ese agravio. No sería higiene política. Sería un régimen de exclusión. El mismo patrón europeo que ya se ve cuando se prioriza el relato sobre la seguridad en las calles.
Salvini: «Esto se llama democracia»
Matteo Salvini escribió: «A los izquierdistas que han alimentado el miedo y los escenarios catastróficos… ¿Miedo? ¿Terror? ¿Amenazas? No. Esto se llama democracia». André Ventura añadió que los alemanes «abren los ojos contra la inmigración ilegal y descontrolada». Santiago Abascal habló de «una gran esperanza para Alemania y para Europa». gaceta.es
La AfD en Sajonia-Anhalt no pide un privilegio: pide que el voto más alto no se declare ilegítimo. Quien prefiera el estigma al escrutinio deberá explicar por qué su democracia solo vale cuando gana él. El contraste con el buenismo migratorio que defiende la izquierda española es el mismo: primero el relato, después las urnas.








