Por Octavio Cortés
Noventa años después se cumplido el análisis de José Antonio Primo de Rivera acerca del triple peligro que acechaba España. Sólo se necesitó entregar, tras la transición, las llaves del país al socialismo atlantista de Felipe González y el marco quedó asentado. Los diques de contención que el franquismo había mantenido no saltaron por los aires de manera ruidosa, sino que fueron carcomidos por termitas que llevaban años agazapadas, las del liberalismo de facto y la disolución moral izquierdista y el resto del trabajo lo ha hecho la negligencia de la derecha que cada vez que ha tocado poder.
José Antonio ya vio tres rupturas y ahora se han convertido en grietas que necesitan acción inmediata, so pena de implosión total. Tres heridas, tres polaridades, tres divisiones:
- Los de abajo contra los de arriba: la clase media ha sido devorada por la inflación y la clase trabajadora está bajo ataque por el problema de la vivienda y la competencia desleal de una inmigración masiva acostumbrada a condiciones de miseria.
- Los del centro contra los de la periferia: el sentido de unidad nacional está por los suelos y las fuerzas separatistas ya pertenecen al paisaje, de modo que casi no las percibimos en su diaria tarea de desgaste.
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- Los de la izquierda de la derecha: la polarización es total y ya no existen zonas de consenso salvo la sumisión total al cártel bancario y la continua hipertrofia de la burocracia administrativa.
Lo bueno de tener un diagnóstico certero es que puede diseñarse un tratamiento; lo bueno de una cartografía adecuada es que uno puede establecer un rumbo para el futuro. Es necesario un triple remedio: recuperar a la clase media, clausurar, de una vez para todas, el conflicto territorial y liberar al debate político del cáncer del partidismo nacido de nuestro sistema electoral (y a ser posible pasar a tener algo semejante a una separación de poderes real, no un marco en que el legislativo elige al ejecutivo y al judicial). ¿Suena sencillo? Sí, porque es sencillo y solo se necesita una reforma constitucional que asegure nuestras fronteras, nos saque del dominio del Banco Central Europeo que nos ha estrangulado con su política monetaria expansiva, cambiar el sistema electoral para suprimir la representación de los independentistas y establecer listas abiertas, además de acabar del predominio del legislativo sobre los otros poderes. ¿Suena sencillo? Sí, pero “sencillo” no significa “fácil”: de hecho, en todos los terrenos de la vida, lo fácil suele ser embarullarse y la sencillez es la señal de la maestría. Pero que no nos cieguen con falsedades y monsergas: esta es la verdad, sencilla y difícil.








