La cuenta oficial de Nicolás Maduro difundió el domingo dos fotografías fechadas el 25 de junio. En ellas, Maduro en la cárcel de Nueva York aparece con chándal gris, zapatillas blancas y la señal de la “V”, presentado como un “pequeño regalo de amor y esperanza” a su familia y a sus partidarios. El depuesto dirigente sigue recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn desde el 3 de enero, procesado por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas de guerra.
Maduro en la cárcel de Nueva York reaparece con fotos de junio
Las imágenes no son actuales. La marca de tiempo del dispositivo las sitúa el 25 de junio de 2026, a las 18:05, más de dos meses antes de su difusión pública. El entorno del dirigente ha dicho que se tomaron en la semana del Día del Padre, que él las vio el 13 de julio y que llegaron a su círculo esta misma semana.
En una foto lleva gafas; en la otra las sostiene en la mano. Posan frente a un muro de bloques de hormigón, sin esposas a la vista y con una pérdida de peso evidente respecto a su aspecto anterior a la captura. El mensaje que acompaña las instantáneas, publicado en X, afirma: “Envío estas fotos como un pequeño regalo a todos mis nietos y nietas, a los niños y niñas, y a toda la gente noble que nos ama”.
Añade: “Quiero que sepan que estamos firmes, con el corazón lleno del amor de ustedes”. Cierra con Cilia Flores —también detenida— y una cita bíblica: “Dios proveerá. Venezuela renacerá”.

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Cuestionan las fotos: zapatillas, gafas y reloj en una cárcel federal
La duda no es menor. La cuenta @DIFUNDELOYA publicó un vídeo junto a este reproche: “Ni para hacer imágenes saben mentir, estas imágenes fueron hechas con IA. No se permiten en la cárcel Federal de New York, Zapatos con Trenzas, Lentes, Ni reloj”.
Esa afirmación no está acreditada por la Oficina Federal de Prisiones. Convierte, eso sí, el “regalo” en material discutible: si las normas del MDC de Brooklyn restringen cordones, gafas y reloj en la población reclusa, la puesta en escena chavista queda en entredicho. Presentar a Maduro en la cárcel de Nueva York como un preso sonriente y ataviado a su aire encaja más con la propaganda que con un régimen de aislamiento federal.
El juicio por narcoterrorismo sigue su calendario
Maduro y Flores fueron extraídos de Caracas el 3 de enero en una operación militar estadounidense y trasladados a Nueva York. Se declararon inocentes. La última comparecencia pública del venezolano fue el 22 de julio; el inicio del juicio está fijado para el 1 de junio de 2027.
Los cargos no son un adorno retórico. Washington le atribuye haber convertido el Estado venezolano en una plataforma de tráfico de cocaína y de armamento. Ese deterioro —elecciones impugnadas, éxodo masivo y colapso económico— está documentado en el desastre de Venezuela con el chavismo. La misma lógica explica los vínculos del socialismo con los narco-regímenes: no se trata de un “preso político” abstracto, sino de un procesado por delitos federales graves.
Mientras tanto, en España el PSOE condenó la captura como “contraria al derecho internacional” y Pedro Sánchez se ofreció a mediar con Delcy Rodríguez y Edmundo González. El PP, que durante años agitó la bandera antidictatorial, quedó descolocado cuando Washington no entregó el poder a María Corina Machado. Ni Moncloa ni Génova han rendido cuentas por años de interlocución con un régimen que hoy comparece ante un tribunal de Manhattan.
El gesto de victoria y el pacto del petróleo
Las fotos salieron dos días después de que el Gobierno interino de Delcy Rodríguez y la Administración Trump anunciaran un acuerdo sobre 65.000 millones de barriles, en torno al 22% de las reservas venezolanas. El chavismo que aún controla Caracas negocia el crudo; el chavismo que habita Brooklyn ensaya la estampa del mártir sonriente.
Ese desdoble no es casual. La propaganda necesita un rostro “firme” mientras el aparato que Maduro dirigió pacta con Washington. El cambio de tablero —captura, interinato y presión sobre el petróleo— se anticipó en Trump cambia el juego en Venezuela.









