¿Qué pasó?
El fuego que nadie vio: el incidente de Rick Mears que cambió la seguridad en el automovilismo
Indianápolis, 24 de mayo de 1981. En la vuelta 58 de las 500 Millas, lo que debía ser una parada rutinaria en boxes se convirtió en uno de los momentos más extraños y peligrosos de la historia del deporte motor. El piloto Rick Mears y varios miembros de su equipo Penske quedaron envueltos en llamas que casi nadie podía ver.
La manguera de reabastecimiento no se acopló correctamente. El metanol, combustible oficial de la IndyCar desde 1965, comenzó a brotar antes de tiempo y se derramó sobre el monoplaza, el cockpit y los mecánicos. Al contactar con el motor caliente, se inflamó de inmediato.
A diferencia de la gasolina, el metanol arde con una llama casi transparente a la luz del día y sin humo visible. El resultado fue un incendio fantasma. Mears estaba sentado en el coche cuando las llamas invisibles entraron en el habitáculo y le cubrieron el casco y el traje. “Dejé de respirar por miedo a inhalar las llamas. Cerré los ojos para que no me quemaran”, relató después el piloto.
Durante 34 segundos que él describió como una eternidad, intentó desabrocharse, soltar el volante y salir. Varios mecánicos se acercaron sin percibir el fuego y también resultaron afectados. El pánico se extendió por el paddock cuando la gente empezó a sentir el calor sin entender de dónde venía.
Quien resolvió la situación fue Bill Mears, padre del piloto.
Tomó un extintor y apagó las llamas que consumían a su hijo. Rick Mears sufrió quemaduras de segundo grado en la cara, especialmente en la nariz, y necesitó cirugía plástica. Varios integrantes del equipo también fueron hospitalizados. El metanol se había adoptado en IndyCar después de un grave incendio con gasolina en 1964. Ofrecía ventajas: arde a menor temperatura, es menos explosivo en impactos y se apaga con agua. Pero su llama invisible lo convertía en un peligro silencioso, especialmente en boxes. El accidente de 1981 lo dejó en evidencia.
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A partir de entonces se introdujeron acoples de seguridad que solo liberan combustible cuando la manguera está bien sellada, aditivos para dar color a las llamas y mejores protocolos de respuesta. La IndyCar abandonó el metanol puro en 2007 en favor del etanol, entre otras razones por su toxicidad y por este tipo de riesgos.
La Fórmula 1 nunca utilizó metanol. Sus incendios más recordados —Niki Lauda en 1976, Jos Verstappen en 1994 o Romain Grosjean en 2020— fueron con gasolina y llamas perfectamente visibles. El caso de Mears destaca precisamente por lo contrario: un fuego que quemaba sin anunciarse.Hoy el vídeo del incidente circula de nuevo cada cierto tiempo y sigue generando asombro. Es el recordatorio de que, en el automovilismo, no todos los peligros se ven a simple vista.
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