Una agresión en la carpa del Carmelo ha vuelto a mostrar, en plena calle y a plena luz del día, hasta qué punto la libertad de hablar con los vecinos se paga con empujones en la Barcelona gobernada por la izquierda. Quienes atendían a residentes del barrio denuncian que un intolerante irrumpió en la mesa informativa. El aviso es claro: «Ningún intolerante nos hará dejar de escuchar a los vecinos. No nos van a amedrentar».
La agresión en la carpa del Carmelo, a la vista de todos
El vídeo difundido este miércoles muestra el forcejeo junto a una carpa verde, en una acera comercial del Carmelo, con peatones, comercios y hasta un perro de paseo como testigos. Un hombre en polo verde se encaró con quienes estaban en la mesa; hubo contacto físico y varios presentes tuvieron que sujetarlo. No es un debate: es la intimidación como método para impedir que se escuche a quien no comparte el discurso oficial. Esa agresión en la carpa del Carmelo no ocurre en el vacío: el mismo barrio registró, apenas días antes, apuñalamientos a menores en calles próximas.
El clima que fabrican PSC, PSOE y sus socios
Mientras el Ayuntamiento socialista y la Generalitat de Illa hablan de convivencia, en Horta-Guinardó se apuñala de madrugada y se agrede de día a quien pone una mesa. El PP, cuando toca condenar la violencia ideológica, suele diluirla en frases huecas para no molestar al relato. El resultado es el mismo: impunidad simbólica. Quien señala la inseguridad o pide orden se convierte en objetivo; quien agrede encuentra coartada moral.
Escuchar a los vecinos no es un delito
Atender quejas de un barrio —incivismo, botellones, miedo, dejación— es trabajo político básico. Convertirlo en pretexto para el empujón es propio de quien ha sustituido las urnas por la bronca. En Barcelona ya se ha visto que, cuando el Estado llega tarde, los vecinos acaban actuando por su cuenta. Y el abandono no es solo del Carmelo: el incivismo se ha normalizado en Cataluña. No hay democracia si una carpa informativa necesita escudo humano. Quien gobierna o bien protege el derecho a hablar o es cómplice del que lo impide a empujones.
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