La ciudad autónoma soporta desde hace semanas un clima de violencia recurrente entre los que cruzaron de forma irregular. Los enfrentamientos entre inmigrantes ilegales en Ceuta se han convertido en rutina nocturna, con al menos diez reyertas al día que terminan en puñaladas, tabiques rotos y hospitalizaciones. El Gobierno central no ha puesto orden y los vecinos viven con miedo constante.
Reyertas y la guerra por recursos básicos
En el centro de Ceuta y sobre todo en la playa del Trampolín, marroquíes, argelinos y subsaharianos se agrupan por nacionalidad y se enfrentan por un plato de comida, un aseo o un hueco en las chabolas improvisadas. Un sindicato policial describe el panorama con claridad: “Hay muchas reyertas. Ceuta tardará en volver a la normalidad”. Las fuentes añaden que los marroquíes muestran un racismo explícito hacia los otros grupos y que “los subsaharianos van con todo”.
Un vecino de 70 años, Juan Manuel Contreras, resume lo que ocurre a diario: “Situaciones así son las que tenemos que vivir los que habitamos esta ciudad”. Las peleas empiezan por cualquier motivo: no compartir un plato, ocupar el sitio de otro o disputar un baño. El resultado son fracturas nasales, lesiones de mandíbula y, en algunos casos, daños en el nervio óptico. Un otorrinolaringólogo local opera entre seis y siete tabiques cada semana solo por estas agresiones.

Marroquíes gritan «Allahu Akbar» mientras rezan y leen el Corán en la playa del Trampolín, en Ceuta, donde han instalado un poblado chabolista.
Vecinos, sanitarios y policía desbordados
Las calles estrechas aparecen ocupadas por colchones. Los trabajadores de emergencias denuncian que no pueden llegar a pacientes dependientes u oncológicos. La Central Sindical Independiente y de Funcionarios alerta de que esta invasión de espacios “pone en riesgo directo la continuidad y la puntualidad asistencial”.
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La Policía Nacional registra entre diez y doce detenidos cada día por riñas tumultuarias, lesiones y robos con violencia. “Hay reyertas y peleas cada noche”, confirman fuentes policiales. El personal sanitario está exhausto. El presidente del Colegio de Médicos de Ceuta, Enrique Roviralta, afirma que “el personal está cansado” y que muchos colegas quieren irse porque no hay garantías para ejercer.
Un Gobierno que prioriza el relato frente a la seguridad
Los enfrentamientos entre inmigrantes ilegales en Ceuta no son un fenómeno aislado: son la consecuencia directa de una política de fronteras relajada, de una sentencia que dificultó las devoluciones y de un efecto llamada que nadie en el Ejecutivo ha querido reconocer. Los jueces decretan expulsiones, pero los refuerzos llegan tarde y en número insuficiente.








