En las sombras de un Ecuador marcado por la violencia, un policía en servicio activo cargó durante años con un secreto que pocos imaginarían. Su vida, según el relato que él mismo confió al periodista Andersson Boscán, cambió para siempre el día en que un hecho brutal destruyó la de su hija. La justicia que esperaba nunca llegó. Entonces, cansado de la impunidad, cruzó una línea de la que, asegura, no hay regreso.
El hombre, cuya identidad permanece en reserva, contactó a Boscán en varias ocasiones. Le contó cómo un policía entrenado para proteger vidas se transformó en alguien que juró acabar solo con asesinos, violadores y cabecillas del crimen organizado. “Me puede usted llamar justiciero”, se presentó. No actúa por dinero ni por fama, sino por una convicción nacida del dolor: el sistema había fallado.
Desde entonces, según su propio testimonio, participa en una guerra silenciosa. Dice haber participado en la muerte de cerca de doscientos delincuentes de alta peligrosidad. No deja rastros. Opera con un equipo que formó después de entender que no podía hacerlo solo. Sigue vestido de uniforme, cumpliendo con su deber oficial, mientras carga con el peso de decisiones que lo separaron de su esposa y que su hijo, sin saberlo del todo, intuye al ver los videos del periodista.
Boscán ha narrado la historia en una serie de capítulos publicados entre finales de julio y principios de agosto de 2026. No justifica ni condena. Solo transmite lo que le fue contado: las contradicciones de un hombre que aún es policía y, al mismo tiempo, asegura no poder detenerse. “Uno no elige ser eso”, habría dicho. “Uno lo va haciendo sin darse cuenta”.La versión se viralizó y dividió al país. Para algunos es un héroe que responde donde el Estado no alcanza. Para otros, un hombre que tomó la justicia por sus propias manos y cruzó un umbral ilegal e irreversible. Las autoridades no han confirmado ni desmentido oficialmente los hechos. Todo permanece en el terreno de las confesiones privadas hechas públicas.
Así nació la leyenda del Justiciero. Una historia de dolor, venganza y límites difusos que, como una película, deja al espectador con la misma pregunta: ¿héroe… o el peor criminal de todos?
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Salió libre tras casi ocho años tras las rejas, presa por sus ideas. Su historia: una detención, agresiones y la pérdida de un bebé, vuelve a resonar.








