En un acto de pura cobardía política, Pedro Sánchez movilizó a la Selección Española campeona del Mundo para celebrar un montaje propagandístico en La Moncloa, huyendo de la afición real y evitando cualquier crítica en la calle, mientras sigue cediendo terreno al sultán de Marruecos en el Mundial 2030. Una muestra más de un Gobierno débil ante sus adversarios y generoso con sus socios estratégicos.
La cobardía de Sánchez al huir de la fiesta popular
Sánchez, ha demostrado una vez más su temor al rechazo ciudadano. En lugar de sumarse a la multitudinaria celebración en Cibeles junto a los verdaderos aficionados, el presidente del Gobierno optó por traer a su zona de confort a los jugadores de la Roja en un evento controlado en los jardines de La Moncloa. Organizó su propia versión artificial de la fiesta con cientos de "figurantes", empleados de Moncloa con sus familiares para garantizar aplausos y evitar abucheos.
Esta decisión refleja el miedo de un líder que sabe que parte de la sociedad no comparte su visión. Tras la victoria en el Mundial 2026, los campeones visitaron primero a Su Majestad el Rey en La Zarzuela. Después, fueron dirigidos a Moncloa, donde Sánchez montó un escenario con presentadores afines y un público dócil. “No hay dos sin tres y organizamos el siguiente”, proclamó el presidente, intentando capitalizar un éxito que no le pertenece.
Esta cobardía es sintomática: Sánchez evita el contacto directo con una afición que ha expresado en múltiples ocasiones su descontento con las políticas del Gobierno.
Recordemos que al finalizar la ceremonia del Mundial de fútbol, muchos aficionados españoles, le cantaron la famosa canción del verano.
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Ahora, prefiere un búnker propagandístico antes que enfrentarse a la realidad del sentir popular.
La cesión vergonzosa de la final del Mundial 2030 a Marruecos
Mientras huye de las críticas, Sánchez continúa con su política de concesiones al Reino de Marruecos. Todo apunta a que la final del Mundial 2030 se disputará en Casablanca, beneficiando al rey Mohamed VI con el gran evento y los contratos asociados. Feijóo ha denunciado abiertamente que el presidente “comercia” con la sede.
Desde los SMS de 2018 entre Moncloa y la RFEF, Sánchez impulsó la candidatura tripartita que ahora inclina la balanza hacia Marruecos. El Camp Nou se presenta como plan B desesperado, pero las grandes constructoras ya miran hacia el macrodesarrollo en Casablanca. Esta cesión no solo debilita el prestigio deportivo español, sino que forma parte de una línea continua de apaciguamiento ante Rabat en inmigración, Sahara y otros asuntos clave.
Sánchez alardea de la Selección y, al mismo tiempo, entrega el legado del fútbol español al vecino del sur. Una doble actuación que prioriza el cálculo político sobre el interés nacional.

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El daño de una izquierda que instrumentaliza el deporte
Sánchez parece haber utilizado el triunfo de la Selección para su propio beneficio mientras erosiona las instituciones y divide a la sociedad. El acto en La Moncloa, con su público seleccionado y ambiente orquestado, contrasta con la pasión genuina de los españoles en Cibeles.
Esta estrategia no es nueva. El Gobierno ha mantenido tensiones con sectores del fútbol y la sociedad, y ahora recurre al montaje para simular apoyo. Mientras, en el plano internacional, la debilidad ante Marruecos genera preocupación legítima sobre la soberanía española.

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Un presidente que teme a su propio pueblo
La cobardía de Sánchez desnuda las limitaciones de su proyecto. Un Gobierno que teme a su propio pueblo y se doblega ante presiones externas no puede liderar una nación orgullosa de sus éxitos deportivos y su historia.
Los españoles exigen líderes que celebren sin miedo, negocien con firmeza y pongan por delante el interés colectivo. Sánchez hizo ayer el show con la Selección en la Moncloa para ocultar su debilidad, pero la realidad en la calle y en el tablero internacional es innegable.








