El apuñalamiento a un policía en Dublín lo protagonizó un hombre paquistaní llamado Abdullah Khan, que hirió al agente por la espalda mientras gritaba el habitual «Allahu Akbar». El oficial sobrevivió. El atacante fue detenido y se declaró culpable de ocho cargos, entre ellos dos delitos de terrorismo. Dijo apoyar al ISIS y presentó la agresión como represalia por insultos contra «el Profeta».
Quienes en Madrid o en Bruselas siguen tratando estos episodios como «salud mental» o «aislamiento social» deberían leer, al menos una vez, las palabras del acusado.
El golpe por la espalda y el grito de siempre
La escena que resume el suceso es breve y nítida. En Dublín, Abdullah Khan se acerca a un policía y lo apuñala por la espalda al tiempo que pronuncia «Allahu Akbar». No es un forcejeo accidental ni una refriega confusa: es un ataque dirigido contra quien representa la autoridad del Estado.
El agente sobrevivió. Esa es la única nota que evita un titular de funeral. El resto encaja en un patrón que Europa ya conoce y que las izquierdas —también el PSOE y un PP instalado en el eufemismo— prefieren diluir: el grito no es folklore, es la marca que el agresor elige en el momento de clavar el arma.
Lo que admite el autor del apuñalamiento a un policía en Dublín
Tras la detención llega lo que muchos gobiernos europeos evitan subrayar. Khan se declaró culpable de ocho cargos, incluidos dos delitos de terrorismo. No hay, en el texto de partida, un «malentendido» ni una retractación. Hay un reconocimiento ante la justicia.
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El mismo relato añade el móvil que el acusado ofrece: apoyo al ISIS y venganza por los insultos contra “el Profeta”. Es decir, la violencia no se presenta como un arrebato privado, sino como castigo a la libertad de expresión. Esa lógica —insultar al Profeta justifica el cuchillo— es incompatible con el Estado de derecho, tanto en Irlanda como en España.

Irlanda está en crisis por la inseguridad que inunda las calles de ciudades y pueblos. Muchos apuntan como causa a la inmigración descontrolada.
Europa mira al cuchillo y discute el adjetivo
El apuñalamiento a un policía en Dublín no pide un ensayo sociológico. Pide que se nombre lo que el propio agresor nombra. Un hombre paquistaní apuñala a un agente, grita «Allahu Akbar», admite terrorismo y se declara partidario del ISIS. Quien convierta eso en un problema de «relato» está eligiendo bando.








