Un mes después de la entrada masiva, el asentamiento irregular en Ceuta ya no parece un campamento de paso. En la costa se han fijado tiendas, plásticos y cartones; en el mismo recinto se venden alimentos perecederos en el suelo; y, cuando llega un equipo de reporteros, varios inmigrantes les increpan y les exigen que se marchen. Un vecino, al pasear de noche, graba otra cara de la misma ciudad: hombres tendidos en un muro junto a botellas. El Ejecutivo de Pedro Sánchez y el PP que gobierna la ciudad autónoma siguen sin devolver el litoral a quienes viven y trabajan en él.
El asentamiento irregular en Ceuta se fija en la costa
Las imágenes recorren un tramo de litoral convertido en poblado. Hay tiendas de campaña, lonas, cartones apilados, palés, sombrillas y restos de tinsel entre las rocas y las casas que miran al mar.
No hace falta inventar el decorado: colchones sobre la arena, ropa tendida, sillas rotas, bidones y pasillos estrechos entre chabolas. Es la misma lógica que ya se vio cuando el arenal ceutí se llenó de tiendas, suciedad y botellón y cuando los vecinos de Loma Colmenar denunciaron el campamento pegado a sus casas. Quien prometió «gestión humanitaria» ha dejado que el dominio público se convierta en barrio paralelo.
De noche, otro vecino graba mientras pasea. El plano no es la orilla: es un muro urbano, vasos de plástico, una botella y dos hombres tendidos. En la grabación se oye el comentario de quien filma: «Me parece animal». La ciudad no ha recuperado ni la playa ni el paseo.
Venta ambulante sin control sanitario
En el mismo asentamiento, a plena luz y con niebla, los puestos ya no son un incidente aislado. Hay pan al aire, bricks de leche, fruta, zumos, ropa extendida en el suelo, platos, zapatos y hasta un punto de carga de móviles sobre un taburete.
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Eso no es economía informal pintoresca. Es comida perecedera fuera de cualquier inspección, en un espacio que las administraciones no han desalojado. El PSOE habla de «acogida»; el PP local habla de «presión insoportable» y, entre tanto, el género sigue en el suelo. Quien quiera ver el hilo de la dejadez institucional puede contrastarlo con los puestos ilegales de tabaco y alimentos que ya se grabaron en otras zonas de la ciudad.
Reporteros increpados: el litoral ya no es de todos
El cuarto clip dura poco y basta. Un equipo con micrófono rojo intenta trabajar entre un corro de hombres. Varios inmigrantes increparon al equipo de reporteros en el asentamiento irregular de la costa de Ceuta y exigieron su marcha en medio de gritos .
El que ocupa el litoral pretende también decidir quién puede documentarlo. Mientras Moncloa diluye responsabilidades y el PP de Vivas pide plazos que no llegan, el asentamiento irregular en Ceuta se comporta como un recinto ajeno a la ley española. Un Estado que no recupera su costa deja de ser dueño de su frontera.








