En Ceuta nuevas imágenes se han hecho virales en redes sociales que no admiten el eufemismo habitual. Un joven, en bañador, sujeta un pulpo pequeño sobre las rocas del litoral y lo golpea una y otra vez contra la piedra. También se han publicado nuevas imágenes sobre el vídeo en el que un grupo alza una cría de delfín en la orilla.
Un pulpo golpeado una y otra vez contra las rocas
El primer clip, de unos veinte segundos, se desarrolla de día sobre un tramo rocoso, con el oleaje al fondo. Un hombre joven, torso desnudo y bañador azul, sostiene el animal —oscuro, de brazos finos— y lo estrella reiteradamente contra la piedra. Alrededor hay otras personas, entre ellas un menor o adolescente también sin camiseta.
Lo que la cámara registra basta para plantear una pregunta política que el Gobierno de Pedro Sánchez y el PP de la gestión cómplice evitan: ¿hasta cuándo se tolerará que el litoral español se convierta en escenario de crueldad impune?
El delfín alzado en la orilla no era el final
El segundo vídeo dura casi lo mismo y muestra otra escena ya conocida, no por ello menos grave. En una orilla de canto y arena, con un buque al fondo, varios jóvenes sostienen una cría de delfín, la pasan de unos a otros y la exhiben. Hay sonrisas. Hay manos que sujetan el cuerpo inerte o semirígido del animal como si fuera un trofeo. El cetáceo no nada: lo llevan.
Esa secuencia es la que, días atrás, encendió la alarma en la ciudad. No son episodios aislados. El relato oficial —el de Moncloa, el de las consejerías de izquierda y el de quienes piden «no criminalizar»— insiste en la precariedad y en la necesidad. Las imágenes dicen otra cosa: hay tiempo para posar, hay público y hay ensañamiento.
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Un grupo de inmigrantes ilegales saca del mar y golpea a una cría de delfín en Ceuta. El cadáver desaparece detrás de las escolleras del Trampolín.

Desvelan que inmigrantes están desmembrando gatos en Ceuta
Esa mención a los gatos ha dejado de ser solo una queja vecinal. Limpiadoras de Ceuta intervinieron en el programa En Boca de Todos y, según recogió La Gaceta, afirmaron haber hallado ejemplares «partidos por la mitad» y «desmembrados». Una de ellas lo resumió así: «Están matando gatos, están matando gaviotas». Preguntada por el motivo, fue más lejos: «Aquí matan gatos algunas veces hasta incluso por placer».
Las trabajadoras descartan el hambre como explicación única. «Hambre no tienen, ya te digo yo, porque les dan todos los días de comer», dijo una de ellas, aludiendo a los recursos y a las organizaciones que abastecen a quienes permanecen en la ciudad. Atribuyen los hechos a una parte de los llegados, no al conjunto. Son testimonios, no una sentencia: no identifican autores y el propio medio que las cita admite que hace falta investigación oficial. Aun así, el testimonio encaja con la tesis del vídeo del pulpo: si el animal aparece desmembrado, la supervivencia deja de ser el argumento cómodo de la izquierda y del bipartidismo. Fuente: Desvelan que inmigrantes están desmembrando gatos en Ceuta.
Salvajismo contra la fauna: ni hambre ni supervivencia
Los vídeos ya forman parte de una enumeración. El inventario que Ceuta ha ido acumulando: «Delfines, gatos, ocas, pulpos».
Quien quiera ver el patrón completo puede contrastarlo con lo publicado sobre el intento de llevarse una oca en Ceuta, sobre los gatos que faltan y el ilegal que aparece con uno. La izquierda habla de «convivencia». El PSOE administra la frontera como si el deterioro fuera un coste aceptable. El PP, cuando toca exigir expulsiones y control real, suele quedarse en la nota de prensa. Ninguno de los dos ha puesto coto a una ocupación que ya no solo degrada calles y playas: alcanza a la fauna.
El salvajismo contra la fauna no es un exceso pintoresco. Es el síntoma de que, donde el Estado deja de mandar, también deja de proteger lo que la ley española considera patrimonio natural. Golpear un pulpo contra una piedra no alimenta a nadie de forma urgente; exhibir un delfín tampoco. Son gestos de dominio sobre un territorio ajeno. Mientras Moncloa diluya la crisis de Ceuta en entrevistas y el bipartidismo evite el único debate útil —quién entra, quién se queda y quién responde ante un delito ambiental—, las grabaciones seguirán llegando.








