A nosotros nos tocará explicar si triunfamos o fracasamos ante el embate conquistador del Islam en todos los terrenos. Y es hora de que pongamos las cuestiones centrales sobre la mesa.
¿Es el Islam una religión?
Esta parece una pregunta tonta, porque el Islam tiene sus escrituras, sus ritos, sus profetas, sus doctrinas sobre el más allá y sobre el Creador y toda una historia de interferencia con otros credos. Pero en la fenomenología de la religión no siempre es fácil delimitar claramente los fenómenos. ¿Por qué consideramos que la Cienciología o las enseñanzas del reverendo Moon no como una religión y sí como sectas destructivas? Porque priman los elementos de control y coerción y la instauración de una obediencia ciega en personas en estado de disonancia cognitiva. Aparecen con una fachada religiosa pero en realidad son instrumentos de ingeniería social maligna que degradan lo humano e instauran zonas de destrucción impune.
Ahora aplicamos lo anterior al Islam en su versión actual y recordemos que ahora mismo, en España, se está enseñando en los colegios con la excusa del artículo 27 de la Constitución que consagra el derecho de los padres a recibir la enseñanza religiosa de su elección.
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¿Hay un elemento esencial en el Islam de expansión, conquista y sumisión?
Realmente la pregunta sería si podemos encontrar otra cosa. ¿Qué es lo que se expande? Una cultura que solo ha producido siglos de miseria y atraso allí donde ha triunfado. La única excepción son los países con reservas de petróleo: allí hay lujo y derroche, pero siempre en forma de teocracias absolutas sin el menor respeto por los derechos humanos.
¿Es una conjetura conspiranoica la idea de que el Islam solo busca la conquista y la sumisión?
Al revés, es lo que explican, bien a las claras, cualquier imán de barriada, cualquier clérigo con acceso a un par de alfombras mugrientas y un smartphone. Lo dicen bien a las claras, se jactan de ello, presumen de ello. El infiel puede ser exterminado, sus mujeres pueden ser esclavizadas (en los casos de mayor pureza doctrinal no se dice “pueden”, sino “deben”.
Mientras nuestra cultura producía catedrales, la Divina Comedia, los sonetos de Shakespeare, los cuadros de Velázquez o la música de J.S. Bach, la electrodinámica de Maxwell, la física de Newton o la mecánica cuántica, los países musulmanes producían polvo, miseria y rabia y jamás han producido otra cosa. Oígase la lucha del pueblo iraní contra la tiranía de los ayatollahs o el clamor de los cristianos libaneses que han visto su país convertido en un estercolero de shiísmo.
Aún una pregunta más.
¿Qué les diremos a nuestros hijos y nietos cuando nos confronten y nos acusen de haber abierto las puertas al enemigo de par en par?
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