El Marujeo

La economía va bien... Para Pedro Sánchez. La paradoja social-comunista

LA PARADOJA SOCIAL-COMUNISTA. LA ECONOMÍA CRECE Y NOSOTROS SOMOS CADA VEZ MÁS POBRES.

POR Enriquehace alrededor de 2 horas
La economía va bien... Para Pedro Sánchez. La paradoja social-comunista

Por Enrique J. Ortiz

LA PARADOJA SOCIAL-COMUNISTA. LA ECONOMÍA CRECE Y NOSOTROS SOMOS CADA VEZ MÁS POBRES.

Pedro Sánchez afirma que la economía va bien porque resalta una serie de indicadores macroeconómicos positivos en los que España destaca respecto a la media de la eurozona y de las grandes economías europeas. Se basa sobre todo en el crecimiento del PIB, la creación de empleo, la fortaleza del turismo y el impulso de los fondos europeos.

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 Crecimiento del PIB superior a la media europea (el argumento principal) España ha crecido por encima de la eurozona en los últimos años y se espera que siga haciéndolo. En 2025 el PIB avanzó alrededor del 2,8%, casi el doble que la media de la eurozona. El Gobierno lo atribuye a la demanda interna fuerte (consumo de los hogares e inversión), la resistencia frente a shocks externos (energía, geopolítica) y el efecto de las reformas y los fondos europeos.

Creación de empleo y bajada del paro. El Ejecutivo, especialmente los comunistas, destacan que la mejora del mercado laboral gracias a la reforma laboral de 2021 (que redujo la temporalidad), porque se han creado cientos de miles de empleos en los últimos años. Esto, como todo lo del gobierno, tiene trampa. No me detengo aquí por no alargar el artículo, no voy a tocar el paro juvenil, ni la calidad del empleo, ni la productividad ni las horas de trabajo por contrato

Récords en turismo y servicios. El turismo es uno de los motores clave. España sigue viviendo del turismo de baja calidad con el consiguiente daño al medio ambiente, tan querido por nuestros gobernantes, y que se está beneficiando de los problemas que hay en otras zonas turísticas.

 

Fondos europeos. España es el mayor receptor de estos fondos (160.000 millones de euros entre subvenciones y préstamos hasta 2026). El Gobierno los presenta como un impulso estructural para:

  • Transición verde y digital.

  • Inversión pública y privada.

  • Aumento del crecimiento potencial a largo plazo.

Parte de este dinero ya se ha ejecutado, aunque sigue llegando en 2026, lo que sostiene la inversión. Ha servido fundamentalmente para que el ministro Oscar Puentes destroce la red ferroviaria generando muertes y desplomes de techos y para tener nuestras carreteras como no estaban desde los años 60 del pasado siglo. Se suponía que estos fondos iban a dedicarse a un plan de modernización, pero que se vea lo único que se ha modernizado es el chalet de Camorritos de la ministra de sanidad Mónica García Gómez, que tiene la sanidad pública en estado ruinoso. Estos fondos han servido también para generar una corrupción como no se ha conocido nunca antes en este país.

Resumiendo: en términos agregados de crecimiento (del PIB) y empleo, España está teniendo un comportamiento claramente mejor que Alemania, Francia o Italia y que la media de la eurozona, que tampoco es que esté en una situación boyante. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y el presidente P. S. lo presentan como prueba del éxito de su modelo: reforma laboral + gasto social + gestión de los fondos europeos + turismo fuerte. Como he explicado, solo el turismo crece.

Esta es la narrativa oficial y se apoya en datos reales del INE, Banco de España y organismos internacionales. Sin embargo no se mencionan cosas como: el alto nivel de la deuda pública, la inflación subiendo a 3,2-3,6% en 2026 por no hablar de la subyacente, la productividad estancada, la crisis de vivienda o que el paro juvenil sigue siendo elevado. El Gobierno elige centrarse en los indicadores donde España destaca positivamente, pero omite el resto de los problemas, que son los que más nos afectan a los ciudadanos

LA ILUSIÓN DE LAS CIFRAS AGREGADAS: POR QUÉ EL BIENESTAR NO SIEMPRE SIGUE AL PRODUCTO INTERNO BRUTO

En Economía pocos conceptos han sido tan útiles y, al mismo tiempo, tan peligrosamente malinterpretados como el Producto Interno Bruto (PIB). Siempre se ha dicho que el PIB es la medida suprema de la actividad de mercado, el termómetro que dicta la salud de una nación. Sin embargo, cuando el gobierno proclama con optimismo que "la economía va bien" basándose exclusivamente en el crecimiento del PIB total, mientras el ciudadano medio siente que su nivel de vida se estanca o retrocede, nos enfrentamos a una paradoja de medición que requiere un análisis riguroso de las funciones de producción y la dinámica demográfica.

Para entender por qué la retórica oficial choca con la realidad cotidiana, debemos desglosar la economía no como un bloque monolítico, sino como una interacción de variables donde la cantidad no siempre equivale a la calidad. El crecimiento, como veremos, puede ser extensivo (simplemente añadir más de lo mismo) o intensivo (hacer más con lo que ya tenemos).

El primer error, y quizás el más flagrante en el discurso gubernamental, es la confusión entre el tamaño del "pastel" económico y el tamaño de la "rebanada" que le toca a cada individuo. Es una verdad matemática simple: el incremento de la población afecta al PIB de dos formas opuestas. Por un lado, aumenta el PIB absoluto al incorporar más trabajadores y consumidores al flujo circular de la renta. Más personas producen más bienes y servicios, y su demanda dispara el consumo interno de vivienda, alimentos y tecnología. Sin embargo, para medir el bienestar real, lo que hay que mirar es el PIB per cápita (PIB absoluto entre el número de individuos). Si la población crece a un ritmo superior al de la economía el resultado es desalentador: la riqueza total aumenta, pero el habitante promedio es más pobre que antes. Si, por ejemplo, la población aumenta un 3% pero el PIB solo sube un 1%, el bienestar por habitante cae un 2%. El gobierno celebra el 1% de crecimiento total, pero el ciudadano sufre el 2% de pérdida individual. Para entenderlo vean países como la India, con un alto PIB y una pobreza insoportable entre gran parte de su población.

 

El Motor Demográfico: ¿Crecimiento o Inflación Poblacional?

Si tomamos como caso de estudio la economía española contemporánea: entre 2018 y 2025, el factor demográfico explicó nada menos que el 43% del crecimiento del PIB. Este crecimiento ha sido impulsado casi exclusivamente por la inmigración, llevando la población a niveles récord. Desde el Ministerio de Economía, estas cifras se presentan como un éxito rotundo de expansión. No obstante. Cuando el factor trabajo crece rápidamente sin un aumento proporcional en el capital —maquinaria, infraestructura, tecnología—, la productividad marginal del trabajo disminuye. En España, mientras el PIB total muestra vigor, el PIB per cápita avanza a un ritmo mucho más lento, situándose en proyecciones de apenas un 0,8% a 2%. El "motor humano" está expandiendo el mercado, pero no necesariamente está enriqueciendo a la sociedad en su conjunto. Por no hablar de la inflación que no baja del 3%

¿A quién beneficia realmente este crecimiento? Aquí reside el núcleo de la discrepancia entre el discurso oficial y la percepción pública. El crecimiento basado en el aumento poblacional favorece de forma clara y directa a las grandes empresas. Para una gran cadena de distribución o una entidad bancaria, más habitantes significan más ventas y un mercado más grande. Estas organizaciones aprovechan las economías de escala: pueden ampliar operaciones y optimizar costes con mayor facilidad que una pequeña empresa.

Además, una oferta abundante de mano de obra facilita la contratación masiva y reduce la presión por la escasez de trabajadores en sectores como la hostelería, la construcción o la logística. Esto, que el gobierno etiqueta como "dinamismo del mercado laboral", para el trabajador se traduce en una presión a la baja en los salarios reales y en una mayor competencia por recursos limitados.

La Trampa de la Baja Productividad

Si analizamos la composición del crecimiento. No todo el PIB es igual. Si el crecimiento se concentra en sectores de bajo valor añadido y baja cualificación, el beneficio a largo plazo se diluye. Se produce lo que los expertos llaman un "efecto composición negativo": la incorporación de fuerza laboral extranjera en sectores como el turismo o la hostelería permite expandir la actividad, pero a menudo a costa de la productividad media de la economía.

El gobierno presume de la creación de empleo, pero si ese empleo no viene acompañado de una mayor eficiencia o de inversión en capital humano y tecnológico, estamos ante un crecimiento malthusiano moderno, esto es, en vez de crecer nos empobrecemos. La necesidad puede ser la madre de la invención, pero sin una inversión real en educación y tecnología, la presión poblacional solo satura la infraestructura existente.

Los Costes Invisibles: Vivienda y Servicios Públicos

El optimismo oficial suele omitir las artes negativas del crecimiento extensivo. Un aumento rápido de la población genera una presión inmediata sobre los recursos finitos como Vivienda: El incremento demográfico dispara la demanda, provocando precios al alza que afectan desproporcionadamente a las familias de ingresos medios y bajos, y Servicios Públicos: La saturación de la infraestructura sanitaria, educativa y de transporte es una forma de empobrecimiento que no siempre se refleja en las cifras del PIB, pero sí en la calidad de vida.Es aquí donde la desconexión se vuelve total. El PIB sube porque se construyen más casas y se consume más, pero el ciudadano se siente más pobre porque destina una parte mayor de su salario a un alquiler más alto en una ciudad más congestionada.

El Espejismo de la Transición Demográfica

Muchos defensores del modelo de crecimiento por población argumentan que es la única solución ante el envejecimiento de la población. Es cierto que una población activa decreciente genera una crisis fiscal y pone en riesgo el sistema de pensiones. Sin embargo, depender exclusivamente de la llegada de más personas para mantener el PIB total es un juego de suma cero si no se aborda el problema de la productividad.

El verdadero motor del bienestar no son las manos, sino las ideas y el conocimiento. Una población más grande solo es una ventaja si cada "mente pensante" tiene acceso a la educación y a las herramientas necesarias para innovar.

En conclusión, cuando el gobierno afirma que "la economía va bien", no está mintiendo sobre los datos agregados, pero está eligiendo la métrica que mejor sirve a su narrativa política. El PIB total es una medida de poder económico nacional y de beneficio para las grandes corporaciones, pero el PIB per cápita y la productividad son las medidas del bienestar humano.

Nuestra España
NE
EnriqueRedactor de Noticias

Redactor del periódico digital Nuestra España.


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