Por Enrique J. Ortiz
Esta semana se ha hablado, aunque yo creo que no lo suficiente, sobre las trampas que la UE ha hecho para imponer el Chat Control que significa una pérdida más (y no pequeña) de nuestra privacidad. También se comenta sobre los peligros que, en el mismo sentido, tiene el euro digital. Pero hay un tema que no está en primera línea y que sin embargo va a tener un impacto importante sobre los contenidos a los que accedemos por internet.
Cualquiera sabe que los algoritmos de recomendación —impulsados por IA mediante técnicas como filtrado basado del contenido y modelos de aprendizaje profundo— personalizan lo que vemos en Netflix, Spotify, YouTube, TikTok, Instagram o Google News y que su objetivo principal es maximizar el engagement (tiempo de permanencia, clics, reproducciones), pero esto tiene consecuencias importantes sobre la diversidad cultural y social, de contenidos, y de puntos de vista, y eso ya no lo sabe cualquiera.
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Los algoritmos aprenden de tu historial y te muestran más de lo mismo que ya consumes. Esto crea burbujas informativas por los filtros y cámaras de eco, donde se reduce drásticamente la exposición a opiniones contrarias, culturas diferentes o contenidos fuera de tu zona de confort, de tal manera que refuerzan el sesgo de confirmación: ves solo lo que confirma tus creencias previas. En general los algoritmos tienden a recomendar lo que ya es popular contribuyendo a la polarización social y política.

Podemos poner como ejemplo la difusión de música por streaming: se favorece el mainstream y se margina la diversidad de géneros y artistas independientes. En una investigación propia de Spotify (2020) se analizaron más de 100 millones de usuarios y encontró que:
Las reproducciones orgánicas (elegidas por el usuario) son más diversas que las impulsadas por algoritmos.
Los algoritmos tienden a reducir la diversidad de escucha a largo plazo, aunque los usuarios con hábitos más diversos tienen mejor retención y mayor probabilidad de pasar a Premium.
En plataformas de vídeo y noticias, se prioriza lo viral y sensacionalista, ocultando voces de minorías.
La IA hereda y amplifica sesgos presentes en los datos de entrenamiento (género, raza, idioma, cultura). Esto puede invisibilizar creadores de grupos subrepresentados o perpetuar estereotipos.
El impacto neto depende mucho del diseño del algoritmo. Cuando se optimiza exclusivamente por engagement y beneficios, suele reducir la diversidad. Cuando se incorporan métricas explícitas de diversidad, serendipia o equidad, el efecto puede ser más positivo. Algunas otras cosas que se propone a las plataformas es añadir opciones de “explorar diversidad”, transparencia en recomendaciones, y objetivos multi-criterio (no solo engagement). Desde la IA se pueden utilizar equipos más diversos, datos más representativos y auditorías de sesgos.
Además, como usuarios podemos: seguir conscientemente cuentas y creadores diversos. Usar funciones de “no me interesa” o listas de reproducción propias. Combinar plataformas y fuentes offline.
Como os podéis imaginar, la forma europea de evitar esta falta de diversidad es la regulación:
Leyes como la Digital Services Act (UE) exigen mayor responsabilidad algorítmica, y es aquí donde me quiero detener y llamar la atención de lo que la UE está haciendo.
La Digital Services Act (DSA) —oficialmente Reglamento (UE) 2022/2065— es la principal ley europea que regula las plataformas digitales. Entró en vigor en noviembre de 2022 y su aplicación plena comenzó el 17 de febrero de 2024.
Es una de las normativas más importantes (del mundo) en materia de regulación de internet (acordaros de que estamos hablando de la UE) y tiene un impacto directo en los algoritmos de recomendación y la inteligencia artificial que usan plataformas como TikTok, Instagram, Facebook, YouTube, X, Spotify o Netflix.
Los Objetivos declarados de la DSA son: crear un espacio digital más seguro y transparente, proteger los derechos fundamentales (libertad de expresión, privacidad, no discriminación), reducir la difusión de contenidos ilegales y dañinos, aumentar la rendición de cuentas de las grandes plataformas y dar más control a los usuarios.
Se complementa con la Digital Markets Act (DMA), que regula el poder de las grandes “gatekeepers”. La DSA no prohíbe los algoritmos, pero los obliga a ser más transparentes y responsables, especialmente en las plataformas muy grandes (VLOPs: más de 45 millones de usuarios activos mensuales en la UE).
La DSA ya está plenamente en vigor y la Comisión Europea está aplicándola de forma activa. La Comisión encontró preliminarmente que Instagram y Facebook (Meta) incumplen la DSA por su diseño adictivo. Investigaciones en curso contra X (incluyendo el uso del modelo de IA Grok y sus sistemas de recomendación). Investigación contra Shein por diseño adictivo y falta de transparencia en recomendaciones.
Ya se han impuesto multas (por ejemplo, a X por falta de transparencia). Las plataformas ya están publicando informes de transparencia y han introducido opciones de control para los usuarios.
La DSA aborda directamente algunos de los problemas que mencionamos antes (burbujas de filtro, homogeneización y reducción de diversidad):
Obliga a las plataformas grandes a evaluar si sus algoritmos contribuyen a la polarización o a la falta de diversidad de información.
Da a los usuarios la posibilidad de salir de la burbuja personalizada.
Exige más transparencia, lo que permite a investigadores y autoridades analizar mejor los efectos de los algoritmos.
No obliga explícitamente a “promover diversidad”, pero sí a mitigar los riesgos negativos que estos algoritmos pueden generar.
En resumen: La DSA representa un paso importante hacia una regulación más responsable de la IA y los algoritmos de recomendación en Europa. No elimina las burbujas de filtro por completo, pero las hace más visibles y controlables, y obliga a las grandes plataformas a rendir cuentas.
La “Ley de Prominencia”
No es una ley única con ese nombre oficial, sino un concepto regulatorio que se está debatiendo en la Unión Europea. Se refiere a la obligación que podrían imponer las plataformas digitales (YouTube, Google, TikTok, Instagram, etc.) de dar mayor visibilidad o prioridad (prominencia) en sus algoritmos de recomendación, búsquedas y feeds a determinados contenidos “de interés general”.
Proviene principalmente de la Directiva de Servicios de Medios Audiovisuales (AVMSD) de la UE, concretamente de su artículo 7a. Este artículo permite a los Estados miembros adoptar medidas para garantizar la prominencia de los servicios de medios audiovisuales de interés general como son las cadenas públicas, medios tradicionales o considerados “fiables”.
La Comisión Europea está evaluando actualmente esta Directiva. El informe final se espera para el 19 de diciembre de 2026, y es muy probable que incluya o refuerce reglas de prominencia en el entorno digital. Algunos países (Alemania, Francia, Italia y España en cierta medida) ya han empezado a aplicar versiones nacionales de estas reglas.
Las plataformas tendrían que modificar sus algoritmos para que ciertos contenidos aparezcan más arriba en: «recomendaciones (“Para ti”, “Siguiente”, Discover, etc.), resultados de búsqueda, páginas de inicio o feeds y secciones destacadas»
Como ya se puede ver, aquí es donde viene la trampa, el objetivo declarado es:
Dar visibilidad a medios públicos y contenidos considerados “de calidad” o “de interés general”.
Combatir la desinformación promoviendo fuentes elegidas como “fiables”.
Extender al mundo digital lo que en la televisión tradicional se llamaba “must-carry” o posiciones privilegiadas, que es la obligación legal que tienen los operadores de televisión de pago (como cable o satélite) de incluir y transmitir en sus parrillas los canales de televisión abierta y pública local. Esto garantiza el acceso universal a la información y protege a las emisoras locales.

La DSA ya obliga a las plataformas a ser transparentes con sus algoritmos de recomendación y a ofrecer opciones de no personalización. La “Ley de Prominencia” iría un paso más allá: no solo exige transparencia, sino que obliga a priorizar activamente ciertos contenidos por encima de otros.
Es decir:
DSA → “Explica cómo funciona tu algoritmo y deja que el usuario lo modifique”.
Prominencia → “Tu algoritmo debe dar más peso a estos contenidos concretos”.
Las críticas principales de los creadores independientes, YouTubers, etc. son que permite que gobiernos y reguladores influyan directamente en qué contenido se recomienda. Desplaza a creadores independientes y canales pequeños (el espacio en pantalla es limitado: si subes la prominencia de unos, bajas la de otros). Puede reducir la diversidad real de voces, favoreciendo a medios tradicionales y públicos. Es una forma de “control algorítmico” desde arriba, similar a lo que ya existe en televisión, pero aplicado a internet.
Todo va a depender del informe de evaluación de la Comisión Europea del 19 de diciembre de 2026. Si se aprueban reglas fuertes de prominencia, las grandes plataformas tendrán que adaptar sus algoritmos en los próximos años, con posibles sanciones si no cumplen.
En resumen: la “Ley de Prominencia” es un intento de regular los algoritmos desde el lado de la oferta (obligando a mostrar ciertos contenidos), mientras que la DSA lo hace desde el lado de la transparencia y el control del usuario.

Un certificado del PSOE acreditaría el estatus de exiliado bajo la Ley de Nietos, según la presunta instrucción de la hermana de Óscar Puente.








