El ritmo de las imputaciones socialistas es ya un tanto incómodo. No puede uno bajar a la playa a darse un baño y tomarse la cervecita medicinal: el riesgo es perderse la última imputación. Ha llegado la imputación a la cima de Sepi, a la Dirección General de la Guardia Civil, a todas partes, pero aún hay una pregunta que queda en el aire. ¿Cuándo llegará la hora de Bono?
Todo tiene que llegar, en principio, eso nos explicaban nuestras abuelas. Llegó el invierno y ha llegado el verano, con su mundial de fútbol y su película de Spielberg de extraterrestres bondadosos, ha llegado julio con sus sofocos y sin duda llegará agosto, pero ¿cuándo llegará la hora de Bono?
El socialismo de jet set no es nuevo: lo inauguró Boyer con su braguetazo de papel couché y también lo inauguraron Solchaga y Mariano Rubio. Un socialismo de marquesitas ligeras de faldas, chalets en la Moraleja y fotos en Marbella. Todo eso llegó hace tiempo, hace mucho mucho mucho tiempo, pero aún no ha llegado la hora de Bono.
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No será que nos falten jueces valientes y periodistas dispuestos a tirar de todas las mantas. Tampoco falta el cachondeo nacional que es la forma española de cavar la tumba de las tiranías (nadie sobrevive al chiste nacional de sobremesa de langostino y gaseosa). Todos los ingredientes están sobre la mesa, pero nosotros queremos saber cuándo llegará la hora de Bono.
El progresismo de yegua cara, hija idiota y vuelos a dominicana, esa es la guinda que falta en el pastel, el socialismo de peluquín de injerto y negocio acelerado, con el aliño de astucia que le faltó a Zapatero, demasiado perdido en sus tonterías discursivas y sus enredos venezolanos demasiado evidentes. Ahora se necesita que el reloj dé la hora esperada de una vez, que llegue la hora del Gran Cursi de la Mancha, que llegue la hora de Bono.
La situación ha llegado a un límite de inmundicia en que ya no puede valer una limpieza parcial, un simple toque de corneta que movilice meros recursos de supervivencia. Hay demasiadas preguntas por responder, pero entre ellas una destaca y resuena en el corazón de los que todavía guardamos en el corazón una pequeña esperanza para nuestra sufrida España, y es una pregunta clara y simple: ¿cuándo llegará la hora de Bono?
Ya dijeron los Pink Floyd que lo único que hacemos es acercarnos un día más a la muerte; según esa lógica, a cada hora que pasa estamos una hora más cerca de la campanada definitiva. Mientras tanto, seguiremos preguntándonos cuándo llegará la hora de Bono.








