Un control contra la venta ambulante ilegal en la primera línea de El Arenal derivó el jueves en un cerco a los agentes. Los manteros en El Arenal respondieron con empujones y bloqueo cuando se les cortó el acceso al paseo. Hubo un detenido, daños en patrullas y refuerzos de la Policía Nacional.
El paseo de El Arenal no es un zoco improvisado. Es vía pública, zona turística y espacio de vecinos. El jueves 27 de agosto, hacia las 16.00 horas, la sección turística de la Policía Local de Palma realizaba un control preventivo contra la venta ambulante ilegal en Playa de Palma. Interceptaron a un vendedor por un presunto delito contra la propiedad industrial. Lo que debía ser una detención rutinaria se convirtió en un altercado a plena luz del día, con bañistas y comercio alrededor.
Según el relato difundido por medios que recogen la versión municipal, alrededor de 40 vendedores se aglomeraron para impedir que se llevaran a su compañero. Las imágenes muestran un grupo que rodea un vehículo rojo, lo empuja y corta la circulación mientras suenan gritos de «¡No!». No es un malentendido: es resistencia colectiva a una orden policial.
Manteros en El Arenal: el corte del paseo y la respuesta en grupo
El Ayuntamiento de Palma sostiene que parte de la primera línea quedó restringida de forma temporal mientras llegaban refuerzos. Los agentes locales pidieron apoyo. Acudieron más unidades de la Policía Local y efectivos de la Policía Nacional. El detenido salió de la zona en un vehículo sin rotular. El Consistorio afirma que no constan heridos, pero sí daños materiales en vehículos policiales. Esa distinción importa: la autoridad pudo contener el tumulto, pero el mensaje enviado a quien trabaja en la calle es otro.
No es un episodio aislado. En junio, el propio Ayuntamiento defendió otra intervención en Platja de Palma asegurando que los vendedores «fueron agresivos y opusieron resistencia» y que los vídeos circulantes «muestran únicamente una parte de la actuación». Entonces se detuvo a dos personas por atentado, resistencia grave y lesiones, y el consistorio relató el lanzamiento de piedras y adoquines «a escasa distancia» de la cabeza de los agentes . Quien hoy presente el caso del jueves como un simple «desalojo excesivo» omite el patrón: cuando se toca el género, aparece el grupo.
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La autoridad, acorralada en temporada alta
Palma condenó «cualquier intento de obstaculizar» a los agentes y agradeció el apoyo nacional. Bien está el comunicado. Mal está que, una y otra vez, una patrulla tenga que ser rescatada en el mismo arenal donde el comercio legal paga licencia, IBI y Seguridad Social.

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La venta ambulante ilegal no es folklore. Compite en desigualdad con el tendero, mueve falsificaciones y se organiza para proteger al intervenido. En Baleares, mientras el Ejecutivo niega el vínculo entre presión migratoria y seguridad —con un goteo que ya convierte al archipiélago en destino preferente de rutas irregulares, el vecino de El Arenal ve cómo el paseo se cierra no por una fiesta autorizada, sino por un cordón de vendedores.








