El Marujeo

El amor, los chips y la "soberanía" de alta costura de Therese y Albares

¡Queridos lectores! Siéntense, cojan su abanico y prepárense, porque lo que les traemos hoy no es un simple romance de pasillo ministerial.

POR Enriquehace alrededor de 2 horas
El amor, los chips y la "soberanía" de alta costura de Therese y Albares

Es una historia de amor, satélites, microchips de oro y una meritocracia tan, pero tan oportuna, que harían palidecer a los mismísimos guionistas de The Crown. En el centro de este huracán de glamour estatal tenemos a una de nuestras parejas favoritas: el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y su deslumbrante compañera, la directiva de origen libanés Therese Jamaa. Una relación que no solo une corazones, sino que parece tener un imán para los consejos de administración y los fondos públicos. ¡Puro fuego estratégico!

Empecemos por ella, porque Therese no es una "pareja de" cualquiera. ¡Ni hablar! Es una mujer que parece salida de una novela de aventuras: nacida en Beirut, huyó de la guerra a los ocho años y llegó a París sin saber que el destino (y algún que otro BOE) le tenía preparada una alfombra roja en España. Habla nada menos que ocho idiomas, una habilidad utilísima para entenderse con los inversores o, quién sabe, para susurrarle al oído al ministro los secretos de la diplomacia internacional mientras cenan en algún restaurante discreto de Madrid.

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Pero lo que me tiene fascinado no es su dominio del armenio o del francés, sino su capacidad para estar en el lugar adecuado en el momento preciso. Imagínense: Therese era la vicepresidenta de Huawei en España justo cuando el gigante chino empezó a ser visto como el "villano" de la seguridad digital por EE. UU. y la UE. ¿Y qué hizo nuestra heroína? Pues saltar del barco chino justo a tiempo para aterrizar en los mullidos sillones de la empresa española.

¡Pero qué casualidad! Therese fue nombrada consejera de Hispasat, la joya de los satélites españoles. El Gobierno, muy digno él, jura por lo más sagrado que ellos no la pusieron ahí. Dicen que fue cosa de Redeia (la antigua Red Eléctrica), que casualmente está presidida por Beatriz Corredor, exministra de Vivienda con Zapatero. ¡Es que el mundo es un pañuelo! En este club selecto, Therese se codea con otros "ex", como el astronauta y exministro Pedro Duque. Porque, claro, ¿qué mejor lugar para una experta en telecomunicaciones que una empresa controlada por la SEPI y rodeada de viejos amigos del partido?.

Pero el plato fuerte, el que nos ha dejado con la boca abierta, es su fichaje por Openchip & Software Technologies. ¡Ojo al dato, que esto es para nota! Esta empresa barcelonesa es una auténtica "caja de sorpresas". En 2022 y 2023, sus ingresos fueron de... ¡cero euros!. Sí, han leído bien. Ni un café han vendido. Pero no se preocupen por su solvencia, porque el Gobierno (ese donde trabaja su chico) les ha concedido nada menos que 111 millones de euros de los fondos Next Generation. Y hay quien dice que la lluvia de millones podría llegar hasta los 300.

Lo más romántico de todo es el timing: Therese se incorporó como Vicepresidenta de Alianzas Estratégicas justo el mes después de que la empresa recibiera semejante inyección de dinero público. Desde Openchip dicen que pasó un "riguroso proceso de selección" llevado por un cazatalentos anónimo. ¡Ay, ojalá todas tuviéramos ese currículum que brilla justo cuando se aprueban las subvenciones!

Y mientras Therese y Openchip viven su luna de miel financiera, en Moncloa se han puesto en plan "celosos" con los extranjeros. Resulta que Pedro Sánchez ha dado orden de vetar a Palantir Technologies, un gigante estadounidense de la Inteligencia Artificial. ¿El motivo oficial? La "soberanía nacional" y el miedo a que nos espíen. ¿El motivo que se comenta en los salones más cotizados? Que los dueños de Palantir, Peter Thiel y Alex Karp, son íntimos de Donald Trump, ese señor que a nuestro presidente no le cae nada bien. “Soberanía nacional pero sin prioridad nacional”, la cuadratura del círculo. Claro que eso no es nada para P.S.

¡Qué ironía, queridos! Vetamos a los mejores del mundo (que ya trabajan con la OTAN y el Ejército de EE. UU.) porque son amigos de Trump, pero regamos con millones a una empresa española con cero ingresos donde trabaja la pareja del ministro Albares. El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, incluso les paró un contrato con la Guardia Civil en el último minuto. ¡Pobre Palantir! No sabían que en España la "soberanía" tiene nombre de mujer y habla ocho idiomas.

Para terminar de darle color a esta crónica rosa-tecnológica, no podemos olvidar a los compañeros de fatigas de Therese en Openchip. Allí se ha reencontrado con Adolf Todó, el exdirector de Catalunya Caixa. Sí, el mismo que gestionó la caja que nos costó a todos los españoles 12.000 millones de euros en un rescate que el Estado dio por perdido. Todó, que era la mano derecha del histórico socialista Narcís Serra, ahora aporta su "experiencia" en una empresa que vive de lo público. ¡Si es que al final, siempre son los mismos!

Así que ya lo ven, queridos lectores. Mientras el Gobierno se envuelve en la bandera de la soberanía tecnológica para echar a los americanos, por la puerta de atrás se construye un ecosistema donde el amor y la política se funden en un abrazo millonario. Entre satélites de Hispasat, chips que todavía no existen y fondos europeos que caen del cielo, Therese y Albares nos demuestran que, con los contactos adecuados, el "talento" siempre encuentra su camino hacia el presupuesto público.

¡Nos vemos en la próxima fiesta de la SEPI! Porque donde hay subvención, hay corazón.

Nuestra España
NE
EnriqueRedactor de Noticias

Redactor del periódico digital Nuestra España.


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