El Departamento de Seguridad Nacional ha dejado por escrito una realidad que el relato oficial prefiere diluir. En su informe anual correspondiente a 2025, el organismo que depende directamente de Presidencia del Gobierno reconoce que aproximadamente dos terceras partes de los incendios forestales registrados no llegan a establecer la causa que los originó. Cuando sí se determina el origen de los incendios forestales, el factor humano está presente en el 72% de los casos, ya sea por imprudencias, negligencias o acciones intencionadas. El documento pide expresamente un “mayor esfuerzo” en las investigaciones. Mientras tanto, el Gobierno de Pedro Sánchez y sus ministros centran el discurso en el cambio climático y en la responsabilidad de las comunidades autónomas, especialmente las gobernadas por el Partido Popular.
El dato que incomoda: dos de cada tres fuegos sin causa clara
Según el informe elaborado por el Departamento de Seguridad Nacional, determinar el origen de los incendios forestales sigue siendo una tarea compleja. “En aproximadamente dos terceras partes de los incendios forestales registrados no se llega a establecer la causa que lo originó”, señala el texto. “Ello pone de manifiesto, por una parte, la gran dificultad que conllevan este tipo de investigaciones y, por otra, que es preciso hacer un mayor esfuerzo en los aspectos relacionados con este ámbito”.
Esta cifra no es menor. Mientras el Ejecutivo insiste en que la virulencia de los fuegos se explica casi en exclusiva por temperaturas extremas, baja humedad y vegetación seca, el propio organismo oficial reconoce que la mayoría de los episodios quedan sin explicación concreta. En los casos esclarecidos, el peso del ser humano es abrumador. El 72% responde a negligencias, imprudencias o intencionalidad.
La Guardia Civil investigó en 2025 un total de 660 incendios susceptibles de tener origen delictivo y puso a disposición judicial a 373 personas. Aun así, el esclarecimiento global permanece bajo. La escena de un incendio forestal —primero quemada, después inundada por los medios de extinción y finalmente pisoteada— dificulta enormemente las pesquisas. Sin embargo, el informe no utiliza esta dificultad como excusa para renunciar a investigar más y mejor. Al contrario: exige más recursos y más atención a este capítulo.
Los grandes incendios de 2025 ilustran el problema. Se registraron 63 episodios que superaron las 500 hectáreas, casi el triple de la media de la década anterior. Arrasaron más de 310.000 hectáreas, el 87% de toda la superficie quemada ese año. En total ardieron 354.747 hectáreas, un 235% más que la media de los diez años previos. Galicia y Castilla y León concentraron la mayor parte del daño. Cinco de los dieciséis mayores incendios de la serie histórica española ocurrieron precisamente en 2025.
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La ola de calor se instala desde este martes con temperaturas de hasta 45 grados y eleva el riesgo de propagación de los incendios forestales activos.
El factor humano y la respuesta política que mira hacia otro lado
En los incendios que actualmente afectan a Ávila y a la Sierra Oeste de Madrid, las primeras hipótesis apuntan también a causas humanas accidentales. En Burgohondo (Ávila), la Guardia Civil investiga una chispa producida por maquinaria pesada que trabajaba sin autorización en un momento de riesgo extremo. Ya hay una persona detenida y otra investigada. En Madrid, la línea principal de trabajo señala el incendio de un vehículo. En ambos casos, las condiciones meteorológicas extremas transformaron focos iniciales limitados en incendios de grandes dimensiones. Las pesquisas continúan abiertas.
El contraste con el discurso gubernamental es evidente. La vicepresidenta Sara Aagesen, la portavoz del PSOE Montse Mínguez y el propio presidente Pedro Sánchez han reiterado estos días que la prevención es competencia autonómica y que “gobernar con negacionistas es desproteger a la población”. Han reclamado un pacto de Estado contra la emergencia climática mientras descargan responsabilidades sobre las comunidades del PP. El ministro Óscar Puente ha intensificado los ataques en redes.
El informe de Seguridad Nacional, sin embargo, no coloca el cambio climático como causa primaria del origen de los incendios forestales. Se limita a constatar que las condiciones extremas favorecen la propagación y que la investigación de las causas reales sigue siendo insuficiente. Esta diferencia de enfoque no es trivial. Atribuir casi todo al clima permite eludir el debate sobre la gestión forestal, la limpieza de montes, el uso de maquinaria en periodos de alto riesgo y la capacidad real de esclarecer quién o qué inicia las llamas.
Para que se inicie un fuego sin la mano del hombre necesitaríamos estar a más de 100 grados
Una rama seca requiere alcanzar una temperatura en su superficie de aproximadamente 300 °C cuando hay una llama próxima, o cerca de 400 °C en ausencia de ella, para iniciar la combustión.Previamente al incendio, el material atraviesa etapas de evaporación de la humedad residual y de descomposición térmica (pirólisis).
Las temperaturas clave en la madera son las siguientes: alrededor de 100 °C: el escaso contenido de agua restante se transforma en vapor y se libera.
Entre 150 °C y 270 °C: se inicia la pirólisis, un proceso de descomposición química que genera gases combustibles susceptibles de inflamarse ante una chispa.
A 300 °C: se produce la ignición si existe una llama o una fuente de calor directa en contacto.
A 400 °C: se llega a la temperatura de autoignición, permitiendo que la rama arda de forma espontánea sin necesidad de una llama previa. Por lo tanto, para que se inicie un fuego sin la mano del hombre, necesitaríamos estar a más de 100 grados.
La respuesta operativa de 2025 movilizó más de 6.600 militares, con la Unidad Militar de Emergencias interviniendo en 51 incendios. La Policía Nacional desplegó casi 15.000 agentes. Hubo ocho fallecidos, 86 heridos —50 de ellos entre los equipos de extinción— y casi 43.000 evacuados. El despliegue fue importante, pero el documento oficial insiste en que sin mayor capacidad de investigación el círculo se repite.

Sánchez destinó 340M a una desaladora en Marruecos cuando la flota española de aviones contraincendios apenas alcanza seis o siete operativos.
Más investigación y menos relato: la exigencia que el Gobierno evita
El Departamento de Seguridad Nacional no niega las condiciones meteorológicas adversas. Reconoce que las olas de calor, especialmente las de agosto, concentraron 42 de los 63 grandes incendios. Pero el núcleo de su advertencia es otro: sin identificar el origen de los incendios forestales en dos de cada tres casos, las políticas de prevención carecen de base sólida.
Mientras el Gobierno convierte cada temporada de incendios en un debate ideológico sobre “negacionismo” y competencias autonómicas, el informe que elabora su propio Departamento de Seguridad Nacional pide algo más concreto y menos mediático: reforzar las investigaciones. Los datos muestran que el número total de incendios descendió un 10,6% respecto a la media de la década, pero la superficie quemada y la virulencia de los grandes fuegos se dispararon. Esa paradoja exige respuestas técnicas, no solo eslóganes climáticos.
La experiencia de otros años y de otros países confirma que el ser humano sigue siendo el principal agente de ignición. Negligencias agrícolas, quemas no autorizadas, maquinaria en zonas de riesgo y, en menor medida, intencionalidad deliberada explican la mayoría de los casos esclarecidos. Mientras dos tercios permanezcan en la oscuridad, cualquier estrategia de prevención será incompleta.
El informe de Seguridad Nacional ofrece una oportunidad que el Ejecutivo parece dispuesto a desaprovechar. En lugar de utilizar el documento para exigir más medios de investigación, más coordinación real y más responsabilidad compartida, el Gobierno ha preferido el terreno cómodo de la confrontación política. El fuego sigue avanzando. Los datos oficiales ya están sobre la mesa. La pregunta es si alguien en Moncloa está dispuesto a leerlos sin el filtro del relato.









