Pedro Sánchez sostuvo el lunes en El Intermedio que Marruecos no permaneció pasivo el 30 de julio y que, en las primeras horas, optó por una actuación inteligente de Marruecos para «producir el menor daño posible» a quienes cruzaban. En el mismo tramo, el presidente elevó el objetivo de acogida hasta rozar las 10.000 plazas en Ceuta, pidió «paciencia» hasta diciembre y rechazó que Rabat le chantajee. El relato oficial choca con la ciudad que sigue sin recuperar la calle y con los avisos de inteligencia que Moncloa reduce a meros movimientos.
La «actuación inteligente» que Moncloa atribuye a Rabat
Según la versión ofrecida a Wyoming, el 30 de julio «amaneció un día tranquilo» y, durante unas diez horas, las autoridades marroquíes «no tuvieron una actitud pasiva», sino que «trataron de gestionar esa avalancha de manera inteligente». El propio Sánchez añadió que, «a pesar de ello, hubo 141 muertos» y que, pasadas esas horas, Rabat se mostró «más movilizado», con el compromiso de devolver a quienes no tuvieran derecho a quedarse.
El presidente negó «en absoluto» estar chantajeado y despachó las especulaciones sobre su móvil y Pegasus como material «bien para una serie de Netflix», no como «hechos». Afirmó que «a día de hoy no hay una información sólida que plantee la autoría» de Marruecos y que, si se demostrara, habría «respuesta contundente». Mientras tanto, la frontera sur queda atada a la «cooperación» con quien, según su propio relato, dejó pasar la avalancha durante horas.
10.000 plazas en Ceuta y la orden de acostumbrarse
El dato que más altera el mapa de la ciudad es el de las 10.000 plazas en Ceuta. Sánchez cifró en 500 las plazas activas antes del 30 de julio, dijo que esta semana se superarán las 6.000 y fijó el «objetivo» de «rozar las 10.000 plazas activadas por si necesitamos esa capacidad». La cifra supera las 2.500 que llegó a manejar la Delegación, las 5.000 de Grande-Marlaska y las 6.000 anunciadas el sábado por Inclusión.
El Gobierno ya ha trasladado a 864 personas desde Loma Colmenar y prepara espacio para otras 300 mujeres y menores. En paralelo, promete identificar a «todos» —«en la mayor parte de los casos son marroquíes»— y acortar plazos de asilo o retorno. El horizonte de «normalidad» lo situó a final de año, coincidiendo con el mando único. Hasta entonces, la consigna a los ceutíes es clara: acostumbrarse. «Mientras exista la desigualdad entre una frontera y otra, la renta se multiplica por ocho. Siempre existirá la migración», dijo. No respondió, en dos intentos, si la avalancha puede repetirse. Habló de un «desafío estructural», de 177 millones ya invertidos en Ceuta y Melilla, de otros 100 anunciados y de un plan de más de 300 millones, con más de 80 para la economía local antes de diciembre.
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Convertir la ciudad en un albergue permanente de 10.000 plazas no es una solución fronteriza: es asumir que el salto seguirá y que la convivencia deberá adaptarse al volumen, no al revés. Esa es la lectura que deja la entrevista cuando se aparta el eslogan de que Ceuta saldrá «más fuerte».
El CNI, Vivas y el relato del «bulo»
Sobre las alertas, Sánchez insistió en que «se detectaron movimientos», pero «en absoluto en la proporción» final. «Los WhatsApp no son pruebas de que existiera alerta»; si el riesgo fuera serio, habría informes de inteligencia compartidos con superiores. Hubo, dijo, «atención» y «estar pendientes».
Cargó contra Juan Jesús Vivas: en 2021, con diez veces menos entradas, hubo «lealtad»; en 2026, «no ocurre lo mismo» y encuentra «dificultades» para ubicar a los llegados. Atribuyó el cambio a un interés del PP por «utilizar la crisis de Ceuta para desgastar al Gobierno». También tildó de «sorprendente» que la magistrada María Tardón impidiera a la unidad de extranjería mostrar su informe a los superiores, «afectando a la seguridad nacional». Wyoming le preguntó dos veces si el asalto puede volver. El presidente no contestó y derivó a la «apuesta estructural» de plazas y a seguir cooperando con Marruecos, la misma vía que no impidió el 30 de julio.
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