El presidente del Gobierno y Felipe VI mantuvieron el lunes un despacho de tres horas y media en Zarzuela, el mismo día en que Sánchez afeó en la SER que el monarca no haya pisado Ceuta ni Melilla. El Ejecutivo confirma la visita del Rey a Ceuta «cuando se den las condiciones», pero Moncloa deja en suspenso si el presidente viajará con él para no tensar la relación con Mohamed VI.
El encuentro, reservado y ausente de las agendas públicas, comenzó a las 16.00 y se prolongó hasta las 19.35, según testigos presenciales citados por The Objective. La duración resulta atípica frente a los despachos ordinarios. Fuentes de Moncloa sostienen que se trataba de la cita habitual posterior al verano, prevista desde antes del parón, y que «ha transcurrido con la normalidad habitual». Ni el Gobierno ni Zarzuela suelen anunciar estas reuniones. El anuncio llegó a última hora, después de que el presidente hubiera situado al jefe del Estado en el centro del relato sobre Ceuta.
Un despacho largo el mismo día del reproche
Horas antes, en la Cadena SER, Sánchez se preguntó: «El Rey lleva reinando más de 20 años, ¿Cuántas veces ha ido a Ceuta y Melilla?». Y respondió: «No ha ido ninguna vez. Con administraciones del Partido Socialista y con administraciones del Partido Popular». Añadió que hay «argumentos y razones suficientes para que el jefe del Estado visite por fin, después de 20 años, Ceuta y Melilla» y que «eso es lo que he compartido con el jefe del Estado y es lo que se va a hacer».
Datos que no encajan. Felipe VI fue proclamado en junio de 2014: lleva doce años en el trono, no veinte. La última visita de un jefe del Estado a la ciudad la protagonizó Juan Carlos I en 2007. El presidente se comparó con la Corona al reivindicar que, en ocho años, ha sido el jefe del Ejecutivo que más veces ha viajado a ambas plazas. Evitó revelar si el monarca comparte su juicio y remitó a la Casa del Rey. El ministro Óscar Puente negó que hubiera un «reproche» al Rey y lo derivó hacia quienes, según él, pretenden «utilizar» la figura real.
La Casa del Rey no ha contestado. Según varios medios, las palabras sentaron mal en Zarzuela no solo por entrar en la agenda del monarca, sino por emplear una conversación privada para dejarle en una posición incómoda. Felipe VI, por su papel constitucional, no puede responder en el mismo terreno. El último despacho previo había sido el 29 de julio en la Almudaina, un día antes de la entrada masiva.
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La visita del Rey a Ceuta, vetada cuando ardía y anunciada ahora
El 6 de agosto, los medios se hicieron eco de que «el Rey Felipe quiso ir a Ceuta en plena invasión pero Sánchez se lo habría prohibido». La mayoría recogía el mismo esquema: el monarca contempló desplazarse para apoyar a los ceutíes y el viaje no se produjo. Los actos del jefe del Estado exigen el refrendo del Gobierno, según el artículo 64 de la Constitución. El Ejecutivo consideró que la situación «desaconsejaba» el desplazamiento. La prioridad era la gestión de la crisis y la relación con Marruecos.
Vivas salió el 6 de agosto de Marivent asegurando que el Rey estaba «comprometido» con ir. Moncloa enfrió cualquier fecha inmediata y descartó el 2 de septiembre, Día de Ceuta. Primero se bloquea la visita del Rey a Ceuta; un mes después se le afea no haber ido. Sánchez anuncia ahora que se hará «cuando se den las condiciones». Esas condiciones las fija quien debe refrendar el acto.
Al mismo tiempo, el presidente exculpa a Rabat y ensalza su «cooperación»: «Si no hay cooperación con Marruecos esta crisis no se soluciona. Al contrario, se agrava». Señaló a Rusia, a Israel y a una «internacional ultraderechista», no al reino alauita.
Borja Sémper le retó a acompañar al Rey. Moncloa lo deja en el aire. Fuentes del Gobierno dicen que el viaje «no es inminente», que la agenda —incluida la ONU en Nueva York desde el 22 de septiembre— «podría imposibilitar su presencia» y que, «de momento», «no está previsto que el presidente regrese a Ceuta estos días».

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La visita del Rey a Ceuta, sujeta a Rabat
La visita del Rey a Ceuta no es un trámite menor. Los actos del jefe del Estado requieren el refrendo del Gobierno, conforme al artículo 64 de la Constitución. Durante agosto, Zarzuela había hecho saber la disposición de Felipe VI a desplazarse; el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, salió el 6 de agosto de Marivent asegurando que el Rey estaba «comprometido» con el viaje. Moncloa, sin embargo, enfrió cualquier desplazamiento inmediato y descartó que pudiera coincidir con el 2 de septiembre, Día de Ceuta.
Sánchez ha pasado de contener el viaje a anunciarlo él. El calendario, no obstante, sigue en su mano. El presidente insiste en que se hará «cuando se den las condiciones» y que habrán de coordinarlo Gobierno y Casa Real. Al mismo tiempo, ha vuelto a exculpar a Marruecos y a ensalzar su «cooperación». «Si no hay cooperación con Marruecos esta crisis no se soluciona. Al contrario, se agrava», dijo. Apuntó a Rusia, a Israel y a una «internacional ultraderechista», no a Rabat.
Esa cautela explica el segundo movimiento. El portavoz del PP, Borja Sémper, retó al presidente a acompañar al Rey, un gesto que enviaría un mensaje nítido al otro lado de la frontera. Moncloa deja esa posibilidad en el aire. Fuentes del Gobierno indican que el viaje aún no está organizado con Zarzuela porque «no es inminente» y que la agenda presidencial —incluida la Asamblea General de la ONU en Nueva York a partir del 22 de septiembre— «podría imposibilitar su presencia». «De momento», añaden, «no está previsto que el presidente regrese a Ceuta estos días».

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Moncloa desplaza el foco hacia Zarzuela
La secuencia encaja con una pelea desigual. El Ejecutivo puede señalar al Rey; el Rey no puede polemizar con el presidente. Sánchez aceleraría, con la crisis de Ceuta, una ofensiva para desgastar a la Corona y trasladar parte de la presión que soporta el Gobierno. En agosto hubo quien, en el Consejo de Ministros, planteó que Felipe VI llamara a Mohamed VI para agradecerle la colaboración; Zarzuela lo descartó. El monarca tampoco fue convocado al Consejo de Seguridad Nacional que analizó la situación, pese a que el propio Sánchez había hablado de una «violación de la integridad territorial».
Mientras tanto, la ciudad sigue marcada por la avalancha de finales de julio y por la presencia de miles de inmigrantes. El presidente se reivindica como el gobernante que más ha pisado Ceuta; el jefe del Estado, que quiso ir cuando la urgencia era mayor, espera ahora a que Moncloa fije «las condiciones». La gestión de la crisis se ha ventila en radios antes que en el Congreso, con un mando único que convive con inmigrantes junto a infraestructuras críticas y con el debate de fondo sobre la españolidad de Ceuta y Melilla. El resultado es un jefe del Estado cobarde empujado a un viaje que el Gobierno condiciona, y un presidente que se reserva el derecho a no aparecer en la foto si Rabat se molesta.








