El lunes, Jabaroot —«Poderío»— subió a Telegram cuatro archivos con presuntamente 70.381 nombres atribuidos a la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST) y a la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN). En los listados figurarían fecha de nacimiento, documento de identidad, año de reclutamiento, rango y, en parte de los casos, datos bancarios. También aparecerían 21 jefes, incluido Abdellatif Hammouchi, director de ambos servicios desde 2005.
El Confidencial, que accedió a los documentos, indica que exagentes marroquíes dan por auténtica al menos una parte de la lista y reconocen en ella a cargos como el director de recursos humanos de la DGST o el adjunto de contraespionaje. El Confidencial The Objective cifra el volumen en 70.381 registros.
Jabaroot sostiene que esos servicios «han operado en toda Europa» y que sus misiones incluyen «espionaje, escuchas telefónicas y sobornos a políticos y empresarios». El grupo presenta la entrega como «el gran regalo a Europa, y especialmente a España» y afirma que «la migración de marroquíes a Europa, empezando por España, es un plan oficial marroquí». Rabat, por su parte, atribuye al colectivo vínculos con Argelia. No es su primer golpe: ya filtró 3.400 empleados de palacios reales y dos millones de afiliados a la Seguridad Social.
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La reciente invasión de Ceuta, que alcanzó su clímax el 30 y 31 de julio pasados, no fue un evento espontáneo ni el simple resultado de mafias migratorias.
Órdenes a Castillejos y el relato de un plan sobre Ceuta
Lo más grave para España no es solo el censo. Jabaroot anuncia una lista nominal de los agentes que «orquestaron y coordinaron» la operación de Ceuta y dice poseer «copias de las órdenes de misión» de quienes viajaron a Castillejos (Fnideq) antes y durante los hechos del 30 de julio. Esa avalancha, no encajaría con la tesis de un descuido fronterizo aislado.
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Según The Objective, fuentes marroquíes en Francia señalan a Fouad Ali El Himma, consejero y amigo de Mohamed VI, como el hombre que habría usado el descontrol migratorio para desacreditar al Gobierno de Aziz Akhannouch a menos de dos meses de las legislativas del 23 de septiembre. El Confidencial recoge la versión del propio grupo: El Himma habría planeado el golpe, Hammouchi lo habría ejecutado y el monarca «no sabía nada». Esa lectura choca con la pasividad de un Ejecutivo que, semanas después, sigue sin exigir explicaciones públicas al aparato de seguridad de Rabat, mientras Ceuta arrastra aún las consecuencias sanitarias y de orden público.

El Ejecutivo trabaja en 4.500 camas en carpas para inmigrantes en Ceuta mientras admite más de 2.500 menores, el doble de lo declarado hace dos semanas.
Lo que Moncloa y Génova prefieren no preguntar
Si una fracción de esos nombres es real, España tiene un problema de soberanía, no un debate de cortesía diplomática. El espionaje marroquí no es una abstracción: es la misma estructura vinculada a Pegasus y a presiones híbridas sobre la frontera. Un Gobierno de izquierdas que condecora y pacta con Rabat mientras la ciudad se desborda no puede limitarse a hablar de «cooperación». Tampoco basta el gesto del PP, más inclinado a administrar el daño que a devolver el control de la frontera, como ya se vio en su receta de confinamiento frente a las deportaciones.

El líder del PP solicita al Ejecutivo valorar un posible confinamiento en Ceuta por riesgos sanitarios ligados a la llegada de inmigrantes
Jabaroot afirma que la infiltración en DGST y DGSN fue «profunda y generalizada» y que lo publicado es «solo una pequeña parte». Queda por ver si Interior y el CNI contrastan de oficio cada ficha con destino europeo. Mientras no se haga, la opacidad beneficia a quien usa la migración como palanca.








