Por Octavio Cortés
Esta semana ha sido muy comentado en redes el arreón de Oscar Puente contra Eduardo Madina a cuenta de unas declaraciones de este último sobre la gestión negligente de la crisis de Ceuta. Puente ha demostrado que ya está en modo fuego a discreción: ha usado contra un compañero (y no uno cualquiera) el mismo tono faltón, vulgar e insultante que suele emplear contra el pueblo en general, sin ningún tipo de miramiento.
La trampa aquí, como es habitual, es la de pensar que existe un “PSOE bueno”, que vendría a ser el de Madina, el de Page, el Redondo Terreros, el del abuelo Felipe y el tío abuelo Guerra. Socialistas “decentes”, defensores de España, que estarían escandalizados por la deriva criminal del sanchismo en todos los frentes. El principal defensor de estas tesis es el PP “moderado” de un Borja Sémper, por ejemplo. Pero esto no es más que una trampa mortal. Lo que necesita España es un escenario a la italiana o a la francesa, en que cualquier sigla heredera de la tradición marxista haya sido relegada a la irrelevancia y la disputa quede entre conservadores y un amasijo de centristas-liberales con algún deje socialdemócrata. Le Pen contra Macron, para entendernos, con Melenchon en los márgenes soltando los berridos habituales en favor del despropósito de turno.
Para eso, por desgracia, aún falta mucho, por varias razones. La primera, que el PSOE (bueno o malo) tiene un suelo electoral de unos cinco millones de votos que de momento no se van a ir a ninguna parte. Del lado de la derecha también falla el esquema, porque el PP es a la hora de la verdad un partido socialdemócrata y porque VOX está infectado de elementos liberales y está todavía lejos de un auténtico populismo conservador capaz de hacer saltar por los aires los viejos esquemas.
Madina es un señor bien educado, que se dedica a decir obviedades en la Cadena Ser, a cada cual más tibia y aburrida; Page es un farsante que podría tumbar al gobierno usando como peones a sus diputados manchegos y en realidad no mueve un dedo nunca; Felipe y Guerra son dos figuras decorativas carentes de peso real más allá de lo simbólico (que no es poco, pero tampoco es mucho). La cruda realidad es que el aparato del PSOE es a día de hoy una maquinaria de izquierda radical consagrada a neutralizar cualquier tipo de alternancia, dedicada a la corrupción estructural, al islamismo y la inmigración total. No hay un “resto bueno” que salvar en el PSOE: debe ser borrado del mapa por motivos higiénicos, sin ninguna contemplación. Los tuits de Óscar Puente no son la excepción grosera, sino la línea standard que marca la temperatura política del gobierno actual en su fase de decadencia última. Tanto Puente como Madina deben ser entregados al olvido y, a partir de ahí, hablamos.
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