El Ministerio del Interior avanza en la implantación de un sistema de borrado seguro archivos Guardia Civil que permite eliminar de forma definitiva información de los equipos corporativos, generando certificados digitales que acreditan la operación. La medida, impulsada por la Dirección General del cuerpo a través de su Servicio de Informática, llega en un momento de intensa actividad investigadora de la Unidad Central Operativa y abre un necesario debate sobre los protocolos de control.
Un sistema de sobrescritura con certificación digital
El expediente contempla una herramienta equivalente a Blancco File Eraser. Su función consiste en realizar operaciones de sobrescritura sobre archivos, carpetas y espacio libre de los ordenadores corporativos, de modo que la información no pueda recuperarse. Además, genera un certificado firmado digitalmente que se remite a una consola centralizada de administración.
Según detalla el documento, “no se trata del tradicional botón de eliminar”. El sistema debe integrarse con la infraestructura corporativa y el directorio de la Guardia Civil, permitir el establecimiento de políticas, la administración de usuarios y la conservación de registros de los borrados. La implantación será progresiva: primero se configurarán usuarios y políticas, después se probará en un equipo mediante Zenworks y, finalmente, se incorporará a la maqueta corporativa. En la verificación se borrarán de forma permanente archivos, temporales, cookies y papelera, comprobando que el certificado llega a la consola.
Este borrado seguro de archivos de la Guardia Civil es compatible con una infraestructura previa de borrado de datos en soportes de puestos de trabajo. Las comunicaciones se realizarán mediante conexiones cifradas y la autenticación podrá integrarse con el directorio corporativo. La consola almacenará los certificados y permitirá exportar informes para auditorías.

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Contexto de las investigaciones de la UCO
La contratación adquiere relevancia porque coincide con un periodo en el que la Unidad Central Operativa mantiene abiertas pesquisas de especial sensibilidad relacionadas con delitos económicos y de corrupción que afectan a distintos ámbitos del poder político. El expediente no menciona expresamente a la UCO ni asigna el sistema a sus investigadores. Tampoco contiene ninguna referencia que permita afirmar que se utilizará para eliminar pruebas vinculadas a procedimientos judiciales.
Sin embargo, al integrarse en el entorno informático corporativo del Instituto Armado, potencialmente alcanza a equipos de distintas unidades, incluida aquella que trabaja con grandes volúmenes de información sensible. La protección de la independencia investigadora resulta esencial.
La cuestión central es qué protocolos impedirán que una herramienta diseñada para eliminar información de forma irrecuperable interfiera con datos que deban conservarse por razones operativas, disciplinarias o judiciales. El propio diseño incorpora trazabilidad, pero el debate trasciende el software: quién puede ordenar un borrado, qué información puede eliminarse, cuándo puede hacerse y quién conserva la evidencia.

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Controles internos y el debate pendiente
Interior reconoce la existencia de una infraestructura anterior y presenta la nueva solución como un avance hacia operaciones centralizadas, controladas y auditables. El expediente asegura que las operaciones quedarán certificadas. La pregunta que debe responder el ministerio es otra: qué controles garantizarán que la capacidad de borrar información nunca se utilice sobre datos que deban permanecer intactos.
En un contexto de intensa actividad de la UCO, la medida plantea un debate de ideas sobre la separación entre la gestión informática corporativa y la preservación de material relevante para la justicia. La transparencia en los protocolos de autorización resulta imprescindible para preservar la confianza en las instituciones. ¿Quién decidirá qué se elimina?
El Gobierno dispone ahora de una herramienta destinada a garantizar que determinados archivos desaparezcan sin posibilidad de recuperación. La correcta aplicación de los controles internos determinará si ese instrumento refuerza la seguridad o genera dudas sobre su alcance.








