Un equipo de laSexta fue increpado y empujado en Ceuta mientras intentaba conectar en directo. La cadena presenta el episodio como agresión y pasividad policial. El contexto es otro: un mes de saturación tras la entrada masiva del 30 de julio y un hartazgo que ya no distingue entre el Gobierno y quienes durante años suavizaron el problema.
Lo que ocurrió delante de las cámaras
Según el propio relato de Al Rojo Vivo, Juanjo Cuéllar y el cámara Manu Montilla cubrían la voz de los ceutíes cuando un grupo de vecinos se les echó encima. “Un reportero de laSexta y su cámara fueron increpado y agredido por algunos vecinos de Ceuta ante la pasividad de la Policía”, escribió el programa.
La conexión de Más vale tarde se cortó. El periodista entrevistaba a una madre y profesora sobre el inicio de curso. Llegaron insultos, peinetas y un empujón por la espalda cuando buscaba refugio detrás de unas mesas. La cadena sostiene que agentes de la Policía Nacional permanecieron en el lugar sin intervenir de forma eficaz.
Protestar es un derecho; convertir al mensajero en chivo expiatorio no lo justifica. Tampoco lo es presentar como sorpresa lo que la ciudad lleva semanas gritando: Ceuta no es un CETI.

Miles protestan en Ceuta por la crisis migratoria, hay choques en El Trampolín y la sociedad civil convoca actos el 2 de septiembre en toda España.
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Por qué echan a la Sexta en Ceuta
Quien sembró el relato ahora recoge la respuesta. En X, el usuario @verdadsmolestas lo resumió sin adornos: “Los comisarios políticos que sembraron, estos vientos recogen la tempestad… Ellos lo llamaban jarabe democrático. Ahí tenéis una buena ración”.
Echan a la Sexta en Ceuta no porque informar esté prohibido, sino porque una parte de la población identifica a esa cadena con el discurso que minimizó fronteras, regularizaciones y el efecto llamada. La misma televisión que durante años habló de “diversidad” y de “derechos” llega ahora a una ciudad de unos 83.000 habitantes desbordada tras una entrada que la propia laSexta cifra en torno a 80.000 personas el 30 de julio.
El detonante inmediato de la marcha no fue el micro verde. Fue el borrador de un real decreto para habilitar espacios públicos —incluidos polideportivos— como acogida. Los vecinos salieron con banderas de España y de Ceuta al grito de “Basta”. Que el enfado alcanzara también a un equipo de Atresmedia forma parte de esa misma fractura.

El ataque con piedras se produjo en Benzú. El vehículo no era blindado y hubo huida al mar. Todos los detalles del suceso, aquí.
Sánchez, Marlaska y el relato que ya no cuela
El Ejecutivo de Pedro Sánchez visitó, envió ministros y habló de control. La calle responde con otra evidencia: colegios, playas y servicios al límite, menores sin aforo y una policía que un día parece espectadora y al siguiente dispara al aire para separar a manifestantes de asentamientos.
Nadie en su sano juicio defiende empujar a un reportero. La pregunta incómoda es otra: ¿Cuántos editoriales dedicó esa misma cadena a la violencia, el colapso sanitario o las reyertas entre irregulares antes de convertirse ella misma en noticia?
Cuando increpan a la Sexta en Ceuta, el titular fácil habla de “ultras” y de “pasividad”. El titular honesto habla de una política de izquierdas que ha convertido la frontera sur en un campamento permanente y de un bipartidismo —PSOE en Madrid, PP en la Asamblea— incapaz de devolver el orden. El “jarabe” se acabó. Queda la resaca.








